22 de septiembre de 2014

Antes de nada les pido disculpas por haber faltado los últimos días a nuestra cita sin previo aviso. La semana pasada estuve en Londres, asistiendo a unas jornadas en las que analistas y compañías dialogaban sobre el futuro con un enfoque no cortoplacista, sino estratégico.

Por parte de las compañías, todas ellas empresas europeas de gran capitalización, contábamos con la presencia de los principales directivos. Una gran compañía solo es realmente grande si no depende de tener un líder absolutamente excepcional. Las compañías que realmente funcionan y perduran en el tiempo son aquellas que pueden tener al frente a personas, simple y llanamente, trabajadoras, inteligentes y razonables, sin necesidad de que sean genios. Si pueden funcionar con personas simplemente mediocres son ya compañías muy buenas. Y las excepcionales son las que tienen un modelo de negocio tan bueno que pueden permitirse incluso el lujo de tener al frente, eso sí, durante períodos de tiempo no muy prolongados, años pero no lustros, a personajes imprudentes y completamente desconocedores del negocio.

La mayoría de los dirigentes que pude ver en Londres pertenecían a la categoría de personas trabajadoras, inteligentes y razonables. No vi genios ni tampoco personajes imprudentes e ignorantes, y los simple y llanamente mediocres eran minoría. Es lo que esperaba, pero confirmarlo siempre tranquiliza.

En los próximos días les comentaré con más detalle las conclusiones que he obtenido sobre algunas de las compañías que tenemos en cartera. Pero hoy les dejaré con solo un rasgo común de la mayoría de intervenciones. Los gestores de las grandes compañías europeas no hablaron ni de Ucrania, ni de Escocia, ni de Gaza, ni del BCE ni de la Reserva Federal.

Hablaron de su negocio, de las oportunidades y riesgos que las grandes macrotendencias sociales y culturales les plantean y de cuáles son sus fortalezas y debilidades frente a la competencia para aprovechar las oportunidades y minimizar los riesgos. 

Lo normal.

Josep