5 de agosto de 2013

Hoy cumplo 51 años y muchos familiares y amigos me acompañarán en el sentimiento... de felicidad. Profesionalmente, el de hoy, es un cumpleaños feliz. Trabajo en lo que me gusta y los resultados están siendo satisfactorios. El valor liquidativo del fondo está en máximos, lo que quiere decir que nadie que haya invertido en el mismo está perdiendo dinero. El fondo lleva apenas dos meses de vida y los que me han confiado su dinero para que lo invierta llevan unas ganancias de entre un 1% y un 14%, en función del momento en el que entraran. Aquellos que me hayan acompañado en la inversión en un plazo más largo también están ganando. Desde que empecé a gestionar dinero ajeno, a principios de 2005 hasta ahora, la rentabilidad obtenida por los fondos que he gestionado asciende a un 125%, aproximadamente un 10% anual acumulativo. Es una rentabilidad de la que me siento orgulloso, puesto que en el mismo período, el índice de referencia, el Euro Stoxx 50, ha bajado de 3.000 a 2.800 puntos. El camino no ha sido fácil, ha habido momentos de marcadas caídas y el precio de mercado de la inversión, durante períodos prolongados, ha sido inferior al valor de adquisición de la misma para muchos inversores. Los que han tenido la paciencia suficiente (que reconozco que ha sido mucha, y de corazón agradezco), han visto como, con el tiempo, el resultado de su inversión tomaba un signo positivo.

Cuando los resultados son buenos, incluso en cortos períodos de tiempo, es muy fácil que un gestor se muestre vanidoso. Una fuerte subida en un año, un trimestre, o incluso un día,  puede ser utilizada como excusa para pavonearse. Es una tentación a la que cuesta resistirse, quizás como mecanismo de defensa ante las múltiples ocasiones en las que tenemos que esconder la cabeza debajo del ala, y recurrir a la necesidad de apelar a la manida perspectiva de largo plazo para explicar las caídas temporales del valor liquidativo.

Cuando la bolsa cae en un solo año un 45% y el fondo que gestionamos solo cae un 30%, podemos decir, desde un punto de vista técnico o profesional que lo hemos hecho muy bien. Desde un punto de vista humano, decir tal cosa es un insulto a la confianza de aquellos que nos encomiendan su dinero para que lo gestionemos. La inversión en bolsa requiere tiempo y paciencia, y quien no lo tenga claro no debe comprar acciones o fondos de acciones. Pero si lo hace y ve que temporalmente está perdiendo dinero y nos pide explicaciones se las tenemos que dar. No podemos decirle, sencillamente, espérese y mucho menos echarle en cara que, si se va y pierde, es culpa suya por ser impaciente. El mejor argumento, al final, es el más emocional: yo también tengo mi dinero invertido en el fondo y también lo estoy pasando mal, por eso haré todo lo posible para remediarlo.

Profesionalmente un gestor puede estar satisfecho cuando su fondo lo hace mejor que el mercado. Humanamente, solo puede estarlo si todos sus clientes, incluso los pocos que puedan haber entrado en el peor momento, están ganando dinero. Si se dan las dos circunstancias, que lo hace mejor que el mercado y que todos ganan, puede sentirse feliz.

El liquidativo de hoy es mi mejor regalo de cumpleaños.

Josep