Josep Prats Orriols

(JPrats)

Gestor de Abante European Quality

Madrid. Madrid. ESPAÑA.

Detrás del telón


Escrito 7 Aug 13

7 de agosto de 2013

En la segunda mitad de los años noventa tuve la oportunidad de realizar un viaje a Rusia, en concreto a Siberia y Tartaria, para estudiar la posibilidad de invertir en la bolsa recién inaugurada por aquellos lares, tras la caída del telón de acero. La experiencia me ha dejado recuerdos imborrables, que me reafirman en mi predilección por la inversión en países con larga tradición capitalista, con códigos de comercio vigentes ininterrumpidamente desde hace siglos y con familias que llevan cobrando dividendos ininterrumpidamente durante varias generaciones.

Son muchas las anécdotas que podría contarles para ilustrarles sobre las razones para no invertir en aquellas tierras. Visité una compañía telefónica que invertía 1.000 euros por cada nueva línea y solo cobraba 20 euros al año al cliente (y se mostraba satisfecha por la buena recepción que tal oferta tenía). Contemplé un salto de agua en el rio Yenisei que incluía una vía de ferrocarril que ascendía por el bosque arrastrando barcos de cien metros de eslora para salvar la presa, Estuve en una petrolera en la ciudad antes secreta de Tomsk (literalmente, no aparecía en los mapas) en la que su presidente anunciaba públicamente ante la comunidad de inversores que los políticos locales querían destituirle para hacerse con el capital de la compañía mediante ampliaciones de capital gratuitas. Visité la bella ciudad de Magnitogorsk, sede de la siderúrgica Magnitogorsk Metalkombinat, cuyo producto estrella, según la relaciones con inversores, eran los tanques que derrotaron a Hitler y que era una muestra muy peculiar de lo que se entiende por producción de bajo coste: no tenían coste de energía puesto que ya que las eléctricas no les pagaban las facturas ellos tampoco, y algo parecido ocurría con los costes de transporte y la compañía de ferrocarril.

Pero me detendré en la anécdota final. En la capital de Tartaria, Kazán, en una compañía productora de neumáticos para automóvil, escuché las argumentaciones de su presidente ante la comunidad de analistas y gestores para convencernos de la conveniencia de comprar acciones de la sociedad. El recinto en el que se pronunció la conferencia era impresionante: estaba presidido por un retrato del camarada Vladimir Ilich Ulianov, más conocido por Lenin, de aproximadamente 12 metros cuadrados de superficie. El presidente de la sociedad, perfectamente aleccionado sobre lo que les gusta oir a los analistas terminó su conferencia haciéndonos saber que la compañía cotizaba a un PER de 5 veces. No lo pude resistir, y en el turno de ruegos y preguntas le formulé la siguiente cuestión ¿Están al corriente del pago de salarios y, si lo están, los pagan en efectivo o en especie?. La respuesta fue completamente clarificadora. Solo iban atrasados en dos nóminas y la mitad del sueldo se pagaba en billetes y la otra mitad en neumáticos, que los trabajadores podían hacer líquidos en el mercado informal. Conclusión, cuando regresé a Madrid le dije a mi director: ni un duro. Unos meses más tardes caía el mercado ruso un 90%.

¿Por qué les cuento estas batallitas? Porque Unicredit, banco que tenemos en cartera, publicó ayer sus resultados trimestrales que ponen de manifiesto que, en la primera mitad del año, más de la mitad de su beneficio operativo y la práctica totalidad de su beneficio neto procede de países de la antigua Unión Soviética y el Pacto de Varsovia (entre estos, destacadamente, Polonia). Los resultados en su mercado original, Italia, están próximos al equilibrio (con ligeras mejoras en beneficio operativo antes de provisiones pero sin bajar el ritmo de dotaciones por insolvencias). Algo parecido sucede en Austria, siendo mejores los resultados en Alemania, tras la difícil digestión del Bayerische Hypovereinsbank. Los países de detrás del telón están haciendo, para Unicredit, el papel que Iberoamérica hace para los dos grandes bancos españoles: permitir el saneamiento del grupo en sus mercados de origen sin incurrir en pérdidas consolidadas.

Bien está. Pero, francamente, estaré bastante más tranquilo cuando, como mínimo, la mitad del beneficio del banco proceda de la vieja Europa capitalista.

Josep

 

 

 

Comentarios (5)

7 Aug 13

Excelente y sugerente post, muchas gracas y un abrazo


7 Aug 13

Artículo muy interesante, leo con gran interés los post que escribe. Gracias


7 Aug 13

Ya decía Ludwig von Mises que bajo el socialismo (entendido como el
sistema en el que los medios de producción son propiedad del estado)
no existe posibilidad del cálculo económico... así que cuando no
existe la información que va implícita en los precios de toda economía
libre no es descabellado que se produzca lo descabellado.


Gran post, como siempre!


7 Aug 13
Didáctico y clarificador. Salu2

JPrats Gestor de Abante European Quality

7 Aug 13

Gracias a todos por vuestros comentarios. Las anécdotas no deben ser
elevadas inmediatamente a categorías, pero lo que quiero resaltar es
que un componente muy importante del riesgo (y por tanto de la
rentabilidad que hay que esperar de las inversiones) reside en la
fiabilidad de la veracidad de los números que las compañías nos
proporcionan. Y no es lo mismo Estados Unidos, Alemania, Francia o
España que otros países. Por más que de vez en cuando se cuele algun
caso Pescanova.


Josep