Josep Prats Orriols

(JPrats)

Gestor de Abante European Quality

Madrid. Madrid. ESPAÑA.

El burgués gentilhombre


Escrito 17 May

17 de mayo de 2016

En "El burgués gentilhombre", Molière nos presenta a un caballero que descubre, después de 40 años, que siempre ha hablado en prosa. Una circunstancia que desconocía, porque ignoraba el exacto sentido de la palabra "prosa".

Algo parecido sucede con la inmensa mayoría de los gentiles hombres burgueses, con los empresarios: son inversores "value" sin saberlo. Por la sencilla razón de que invertir teniendo en cuenta el valor de aquello en que se invierte es una verdad de Perogrullo. Cualquier persona que exponga dinero en forma de capital para desarrollar una empresa, cualquier inversor, lo hace porque cree que el valor que dicha empresa va a generar, los beneficios que en el futuro va a obtener, es mayor que el precio que paga, que el dinero que emplea, por convertirse en propietario de la misma.

Visto así, todo inversor, si lo es,  es "value". Si no, no es un inversor. Quien paga un precio por algo sin preocuparse por su valor podrá recibir el calificativo de jugador o especulador, pero no debería ser llamado inversor.

Todo inversor intenta exponer una cantidad de dinero inferior a la que espera recuperar. La diferencia es la rentabilidad que espera obtener. Si lo prefieren, como está de moda, llámenle margen de seguridad. Y esta diferencia entre precio y valor debe ser tanto más elevada como menor sea el grado de convicción sobre su obtención. Si estoy muy seguro de que los flujos de beneficio futuros no van a separarse mucho de mis predicciones el margen de seguridad, o la rentabilidad que le exijo a mi inversión es inferior que si dudo mucho. Es más fácil pronosticar la evolución de los ingresos por alquiler de un edificio de oficinas en el Paseo de la Castellana, o los ingresos por peaje en la autopista de Barcelona a Francia, que los que haya de obtener una empresa biotecnológica de nueva creación que está desarrollando un nuevo compuesto en su primera fase experimental. El "margen de seguridad" requerido, o el potencial de revalorización requerido, será distinto. Por la sencilla razón de que no tenemos la misma seguridad, la misma convicción, sobre lo que verosímilmente les puede pasar a unas y a otras.

Entendida la inversión "value" como aquella que atiende a criterios fundamentales (diferencia de valor presente entre los flujos futuros a percibir por el inversor y el precio pagado por las acciones), la cosa está clara. Algo más confuso puede resultar el concepto si por "value" se entiende, como lo hacen algunas empresas de análisis de fondos, un estilo de inversión que se caracteriza por intentar pagar multiplicadores bajos sobre algunas magnitudes conocidas, como el valor contable o el último beneficio publicado. Como si pagar un precio "bajo" sobre el capital históricamente invertido o el beneficio actual, fuera una garantía de pagar un precio inferior al valor. Hay compañías con muchos recursos propios que tienen un negocio muy poco rentable, y viceversa. Y compañías cuyo último beneficio declarado puede ser muy superior, o muy inferior, al que verosímilmente alcanzarán, en media, en la mayoría de los años subsiguientes. Otra corriente de opinión sería la que calificara a los inversores "value" como aquellos que apuestan por compañías muy predecibles, muy seguras, por empresas que, sin que se espere de ellas grandes crecimientos, sí hay gran seguridad sobre la posibilidad de que mantengan, o incrementen muy ligeramente, a un ritmo no muy distinto del general del que presente el crecimiento general de la economía, sus beneficios. Muchas de estas compañías, sólidas, sin deudas, con posiciones de oligopolio, con buenos márgenes, con cuotas de mercado consolidadas, no suelen cotizar, precisamente a múltiplos "value". Por la sencilla razón de que son muy buenas, muy rentables, no pueden cotizar a un bajo múltiplo sobre valor contable, y dado que su beneficio es muy predecible, muy seguro, no pueden cotizar a un múltiplo muy bajo sobre beneficio, porque su tasa de descuento, la tasa de rentabilidad exigida es, por segura, baja.

Todo el mundo habla en prosa. Pero, normalmente, las personas más educadas, las que cuentan con un vocabulario más amplio y saben utilizarlo en el contexto adecuado, hablan mejor que las ágrafas. En prosa se dicen las grandes verdades; y las grandes tonterías. Lo mismo sucede con los inversores "value".

Josep

 

 

 

 

 

 

 


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