29 de mayo de 2015

Buscar en los astros indicaciones sobre cómo actuar es una de las herencias de la antigua cultura griega. El desastre, etimológicamente, significa la ausencia de astros, la falta de referencias, en definitiva, no saber qué hacer.

Cambó, un político culto, de los de hace un siglo, fue el autor de una frase llena de sentido común: "Hay dos maneras seguras de llegar al desastre: una pedir lo imposible; otra, retrasar lo inevitable".

Esta reflexión encaja como anillo al dedo en el asunto griego. Es imposible pedir más dinero a alguien (y esperar que te lo dé), diciéndole que no piensas pagarle el que le debes y que, además, en el futuro, no vas a arreglar tus cuentas de tal forma que tus ingresos ordinarios excedan tus gastos corrientes. Es tan sencillo como saber distinguir entre pedir ayuda y amenazar. Cuando uno está en esa situación de debilildad, le toca obedecer. No hay otra. Y cuanto más tiempo tarde en reconocer la realidad, más difícil será la solución.

Entra dentro de lo comprensible, si aceptamos que los políticos son un poco comediantes y tienden a gesticular con aspavientos, que durante un par de semanas, después de haber ganado las elecciones con un programa que ningún niño se hubiera atrevido a escribir en su carta a los Reyes Magos, los descorbatados de Syriza, pidieran lo imposible, a sabiendas, obviamente, de que lo era.

Pero tener durante, no semanas, sino algún mes y, hasta un par de trimestres, a un país paralizado, sometido a una continua fuga de depósitos, a una paralización de proyectos de inversión y a una generalizada irresponsabilidad fiscal es demasiado. Demasiado daño solo para hacer ver que "se ha luchado hasta la extenuación para defender las propias tesis" antes de firmar lo que, inevitablemente, los comediantes saben desde el primer momento que tienen que acabar firmando.  Estar medio año retrasando lo inevitable, es un auténtico desastre.

Esta semana, y quizás también la siguiente, y hasta alguna más, tendremos que asistir a movmientos del 1% o 2% arriba o abajo, en cuestión de minutos, en función de lo que los aficionados a las pantallas hagan como consecuencia de tal o cual comentario del funcionario o político, griego o comunitario, sobre el avance experimentado en la redacción del documento que refleja las condiciones de la póliza de crédito. Pero uno de estos días, veremos como los duros negociadores se dan la mano, empuñan la pluma, firman, sonríen, y acto seguido, convocan ruedas de prensa para explicarnos lo mucho que ha costado llegar al acuerdo y lo positivo que es.

¿Realmente piensan que somos tontos?

Josep