14 de junio de 2013

A primera hora de la mañana he ido a Radio Intereconomía, al programa Capital de Luis Vicente Muñoz, el espacio de referencia desde hace muchos años para los inversores en bolsa. He respondido durante media hora a preguntas de los radioyentes sobre valores cotizados. Lo que me hace recordar tiempos de infancia, al principio de los años setenta cuando, de vez en cuando, escuchaba por la radio el consultorio de Elena Francis, de inolvidable melodía.

A la señora Francis las oyentes solían pedirle consejo sobre problemas con el marido. A mí me piden consejo sobre problemas sobre los valores cotizados. Y, por regla general, el consejo bueno es el mismo. Piense, querida amiga, si verdaderamente el marido (o el valor cotizado) es fundamentalmente bueno o es malo. Si es bueno, pese a que le haya provocado desilusiones en el pasado reciente, consérvelo. Si es malo, déjelo, aunque piense que quizás algún día en el futuro próximo le pueda dar alguna alegría. Si es malo, la alegría será, como todas las alegrías, esporádica y efímera, volátil. Si es bueno, quizás no le dé muchas alegrías, pero le irá consolidando un sentimiento de felicidad, menos excitante, pero duradero, permanente, que le permitirá gozar de una vejez serena.

El gestor es propenso a conservar, el bróker a cambiar. Hace cuarenta años los oyentes habrían estado más receptivos al análisis fundamental; hoy tiene más predicamento el técnico.

No puedo poner precio a las emociones, pero sí señalar que, en términos estrictamente económicos, la sucesión de divorcios es más perjudicial que el mantenimiento del matrimonio (siempre que el cónyuge no sea, estrictamente, malo). ¿Un matrimonio de conveniencia, dirán algunos? Si es malo no nos conviene, pero si nos conviene no ha de ser malo…

En el mercado bursátil da mejores resultados la escuela Francis. La inexistente señora Elena (hay quien dice que sus respuestas las escribía un jesuita), hacía honor a la máxima de San Ignacio: “en tiempos de tribulación no hacer mudanza”. Y yo soy bastante de esta escuela.

Estúdiate bien el valor que quieres adquirir, tómate el tiempo que haga falta para analizarlo, conócelo bien, asegúrate de que tiene buenas realidades y no sólo buenas intenciones, y si te decides, apuesta por él a largo plazo, a las duras y a las  maduras.

De aquí mi predilección por los blue chips en detrimento de los small caps. Historial contrastado, resultados previsibles, dividendos estables. Valores seguros.

En castellano hay un dicho popular que reza “el roce hace el cariño”. Por esto me gustan tanto los valores con un buen ROCE (acrónimo en inglés de return on capital employed)

Parece que hoy tendremos un día tranquilo. Ya habrá ocasión, a partir del lunes, para volver a hablar de resultados, datos y noticias. 

Que pasen un buen fin de semana

Josep