1 de diciembre de 2014

Decididamente, es muy difícil luchar contra los pesimistas crónicos. Y no son pocos los que podemos encontrar en los mercados, en especial en los medios de información económica. El precio del petróleo ha caído un 30% en poco más de un mes, y ya hay quien ve en ello un serio peligro ¡para la zona euro!. 

Comprendo que para los árabes, los rusos y los venezolanos sea una mala noticia. Es evidente que ingresarán menos dinero por la venta de su crudo si el precio está más bajo. Pero igualmente evidente es que los que lo compren pagarán menos dinero. Y entre los que lo compran están, destacadamente, todos los países del área euro. La caída del precio del crudo mejora notablemente la balanza comercial de la eurozona, mejora los costes de producción de sus empresas y, con ello, su competitividad, y libera dinero de los presupuestos de las familias que pueden destinar a comprar otros bienes y servicios los euros que dejan de pagar en la gasolinera. Incluso en el caso de que los gobiernos decidieran quedarse, vía incremento de impuestos sobre los combustibles, parte del ahorro, también sería bueno para la eurozona, puesto que contribuiría al saneamiento de las cuentas públicas.

Se mire como se mire, que el petróleo esté más barato es bueno para la eurozona. ¡Pero si baja el petróleo corremos el riesgo de deflación! dirán los pesimistas. Bienvenida sea esta deflación coyuntural (que solo se dará en los meses en los que siga prolongándose la caída de precios). No es esta deflación la que tiene que preocuparnos, como tampoco lo sería la que proviniese de la caída de precios de otras materias primas, máxime si, como suele suceder en la eurozona, son también importadas.

La baja inflación que preocupa a Draghi es otra, es la que proviene de que los sueldos no suben. Y no suben porque hay paro. Y hay paro porque no hay crecimiento económico. Y no hay crecimiento económico porque el crédito no fluye. En resumidas cuentas, lo que le preocupa a Draghi es que el crédito no fluya. Y, sobre eso, que no sobre la decisión de Arabia de producir más o menos, con una u otra intención (incluyendo la de mantener a raya nuevos planes de inversión en energías alternativas al petróleo), es sobre lo que él puede actuar.

Para el común de los mortales hay una inflación buena y una inflación mala. La buena es la que hace que nos suban los salarios. La mala es la que hace que nos suban los precios de la cesta de la compra. A largo plazo, son las dos caras de la misma moneda. Si nos suben los salarios, suben los precios de la cesta de la compra. Y viceversa, porque al final, el resultado, cobremos lo que cobremos, en agregado, el sistema está pensado para llegar apurados a final de mes.

Pero, aunque a largo plazo, las variaciones de salarios y precios sigan el mismo camino, si a corto, llenar el depósito nos cuesta menos, bienvenida sea la caída del precio del crudo.

Josep