16 de octubre de 2014

No sé si fue asombro o pasmo, dejémoslo en estupor, lo que sentí ayer al cierre de la sesión de las bolsas europeas. Hasta la hora de comer las cosas discurrían con cierta normalidad, con variaciones inferiores al punto porcentual. Y, de repente, un poco antes de la apertura de Wall Street el mercado empieza a caer con fuerza. Voy a las páginas de noticias y veo que las ventas minoristas en Estados Unidos han aumentado un 4,3% en septiembre frente al mismo mes del año anterior, pero que son un 0,3% inferiores a las de agosto. Pienso que, habida cuenta que agosto tiene 31 días y septiembre solo 30,  que hay un 3% menos de días para comprar en septiembre que en agosto, la comparación de un mes y otro siempre tiene que aportar ciertas diferencias. Y me quedo con la comparación de septiembre con septiembre. Un 4,3% de crecimiento, en dólares, de ventas minoristas, es un dato coherente con un crecimiento real del PIB del orden del 3% que es el que tiene Estados Unidos. Y llego a la conclusión que la discrepancia, de un 0,2%, entre el dato publicado y el esperado por el consenso no es motivo de alarma. Por eso no será. Rastreo las páginas de los periódicos on line relacionados con temas de mercado, y ponderan como elemento de alto riesgo el segundo caso de contagio de ébola de un profesional sanitario en Estados Unidos. Vía twitter se difunde el bulo de que en el dispensario del aeropuerto de Barcelona han diagnosticado nada menos que media docena de casos de ébola. No me consta que el botiquín del aeropuerto sea un centro de referencia en la investigación de este tipo de enfermedades, por lo que no le hago ningún caso. No faltan las explicaciones a la caída imputables a la retirada del programa de compra de activos por parte de la Reserva Federal. No digo yo que, si la Fed deja de comprar bonos del tesoro a 10 años, no sea posible que el precio de dichos bonos en el mercado baje y, en consecuencia, la TIR suba. Pero veo que, precisamente, está sucediendo lo contrario, que no faltan compradores para el bono, puesto que éste baja su tasa de rentabilidad hasta niveles inferiores al 2%. ¿Será el miedo a que Europa entre de nuevo en recesión? Es cierto que el día anterior un ministro alemán había revisado a la baja las perspectivas de crecimiento del PIB de su país. Pero seguían siendo claramente superiores al 1% en 2014 y 2015. ¿Será que el PIB de la eurozona en el tercer trimestre puede decrecer al -0,1% en lugar de crecer al 0,1%? Francamente, no lo sé ni me importa demasiado. Dos décimas de crecimiento trimestral de PIB son dos décimas, por más que el cambio de signo permita resucitar la palabra tabú. 

Como saben bien, yo me fijo en lo que hacen las compañías. Si venden más y con más margen, es que la economía, por lo menos la suya, que es la que a mí como inversor me interesa, va bien. Hasta ahora, en la zona euro, y referidas al tercer trimestre, solo hemos conocido cifras de ventas. Las de automóviles ya se las he contado, en todos los casos marcados crecimientos. Anteayer conocíamos las ventas de LVMH, que crecían a un ritmo del 4%, en el conjunto de los nueve primeros meses del año, aumentando levemente el ritmo de crecimiento del 3% que registraban al final del primer semestre, gracias a un mayor crecimiento en Europa y Estados Unidos, y una ralentización en Asia (en concreto, a una caída de las ventas de cognac en China). Ayer conocimos las ventas de Danone. En el tercer trimestre aumentan un 6,9%, frente a los aumentos del 2,2% del primer trimestre y del 2,3% del segundo trimestre. En Europa, concretamente, aumentan un 2,3% en el tercer trimestre, frente al 0,1% y el 0,5% registrado en los dos trimestres anteriores.

Al llegar a casa, después de cenar, sigo la evolución de los índices norteamericanos. Tras llegar a caer más de un 3%, el S&P 500 recupera más de un 2% y cierra con una pérdida propia de una sesión normal, inferior al punto porcentual. El Russell 2000, el índice que incorpora pequeñas y medianas compañías, sube más de un 1%. Este comportamiento me induce a pensar que la caída provino mucho más de las ventas de futuros que de la decisión de vender valores concretos que se tuvieran en cartera. Que han vendido los que nunca han comprado. Que han vendido los que no se suelen interesarse por cuánto ganan las compañías y qué precio puede pagarse por tener derecho a participar en el beneficio que producen. 

Que vendieron los que para analizar la bolsa no utilizan la aritmética, los que se sirven solo de la rudimentaria geometría de escuadra y cartabón.

Josep