8 de agosto de 2014

Con la caída de ayer el Euro Stoxx acumula un descenso del 10% desde los máximos de este año. Nuestro fondo también. El retroceso de la bolsa americana ha sido, sin embargo, mucho más moderado, de entre el 3% y el 4% según el indice elegido. Un gestor siempre tiene que dar explicaciones, aunque no se las pidan. Cuando las cosas van bien es cuando no se las piden, y es cuando más le gusta darlas. Es fácil y hasta agradable recrearse contando las razones que nos han llevado a elegir determinados valores para una cartera y ver como la subida del precio de mercado parece rafificar la bondad de nuestra decisión. 

Cuando las cosas, que para los partícipes del fondo se resumen en la evolución del valor liqulidativo, van mal, si no se piden explicaciones es por buena educación, pero si se dan se agradecen. Voy a darles mi explicación.

Los resultados de las compañías que tenemos en cartera, en general, no me han sorprendido. Mis previsiones de lo que puede ser un beneficio normalizado de las compañías que están en el fondo son básicamente las mismas que a principios de año. No veo razones para que la tasa de descuento aplicable a los beneficios futuros, que no difieren de los que esperaba, tenga que variar significativamente. Tipos muy bajos a corto plazo e  históricamente bajos a medio y largo plazo. Una curva de entre el 0% a día y 2% a diez años hoy, que tenderá hacia un 2% a día y 4% a diez años dentro de tres años. En consecuencia, el valor fundamental de las compañías que tengo en cartera no ha variado, como no ha variado mi valoración fundamental del Euro Stoxx 50, que considero próxima a los 3.800 puntos. 

¿Por qué han caído el precio del Euro Stoxx y el valor liquidativo del Abante European Quality? Porque la bolsa es así. No sé darles otra explicación. El año pasado el Euro Stoxx 50 y el fondo Abante European Quality, también cayeron, y una magntiud similar a la actual, en más de una ocasión. Recogidas de beneficios dirán unos, huída hacia activos de menos riesgo ante acontecimientos imprevistos o que hacen más incierto el futuro, dirán otros. Podría echarle la culpa a Ucrania, a Argentina, a Gaza,  al PIB italiano, a Yellen, a Draghi o hasta al Espirito Santo. La verdad es que ayudar no ayudan. Pero las compañías siguen vendiendo, cobrando, pagando a trabajadores y proveedores, y les queda el dinero suficiente para distribuirnos, a los accionistas, un dividendo, por lo general superior al del año pasado, y que representa una rentabilidad sobre el importe de nuestra inversión claramente superior al que nos ofrece la deuda pública. 

Y cuando esto pasa, con idas y venidas, con todos los sustos que quieran, la bolsa termina por subir.

Josep