22 de octubre de 2013

Research suele traducirse, en el mundo de la inversión, por análisis. Literalmente sería "rebúsqueda", no tan literalmente investigación. Cuando en España nos iniciábamos en el análisis bursátil una de las empresas pioneras, en la que trabajé, que elaboraba informes de análisis independientes y que cobraba por ellos directamente, no vía comisiones, se llamaba Research Associates. La profliferación de departamentos de análisis ligados al desarrollo de las sociedades de valores, que ofrecían servicios de lo que en inglés se conocía como research a cambio de comisiones de intermediación hizo decaer las iniciativas de análisis independiente. Cuando uno es retribuido en función de las veces que hace cambiar de opinión al cliente, no nos tiene que extrañar que su propia opinión sea especialmente voluble, y que su estimación de la valoración que las acciones de una compañía merecen esté estrechamente pegada al mercado. El factor de ajuste suele ser la siempre socorrida prima de riesgo que forma parte de la no menos manoseada tasa de descuento.

Pero como es un servicio pretendidamente gratuito, bienvenido sea. En realidad, gratuito no hay nada, como todos sabemos. Es un adjetivo que se suele utilizar para designar aquellos servicios que no está muy claro quien paga, pero que no pagamos nosotros y pretendemos que los que lo pagan lo hagan sin apercibirse demasiado de ello. En el caso de las comisiones de intermediación, las pagan los partícipes de los fondos, aunque no aparezcan de forma explícita en el folleto. Son gastos que disminuyen el valor liquidativo. Por eso, el análisis gratuito ligado a las comisiones de intermediación, se ha convertido en un servicio muy cómodo.

Pero para la toma de decisiones no es, desde luego, el óptimo. Si pago a un analista es para que me diga lo que piensa de verdad cuánto vale una compañía, no para que me justifique en todo momento una valoración bastante próxima al precio de mercado que permita alternar operaciones de compra y de venta del valor repetidas en plazos muy cortos. Pueden pasar trimestres o años antes de que el mercado reconozca una correcta valoración fundamental procedente de un buen análisis. Y si retribuimos al analista sólo en función de lo muy a menudo que el precio de mercado pase por encima o por debajo de su valoración, le estamos invitando a que intente acercar la misma al precio de mercado. Si no, no hay comisiones de intermediación y, por tanto, el analista no es retribuido por su trabajo.

Pero más allá de las virtudes del análisis independiente, pagado como un servicio de estudios, frente al análisis ligado a las comisiones de intermediación, los avances en los sistemas de información experimentados en las últimas dos décadas obligan a replantear, de forma profunda,el análisis bursátil.

En la primera mitad de los noventa, antes de la generalización de internet, la función de research, entendida como búsqueda o investigación, era muy importante. No disponíamos de suficientes datos. Apenas contábamos con la información contable estrictamente exigible de forma regulatoria que se publicaba periódicamente por las compañías cotizadas. De las no cotizadas, ni hablamos. Recuerdo como una gran compañía española (de matriz francesa) de hipermercados cotizada se lamentaba de la desventaja competitiva que representaba para ella tener que publicar sus resultados cuando su competidora no cotizada, sistemáticamente no presentaba las cuentas en el registro (pagando con alegría año tras año la pequeñísima multa por tal infracción). La primera desnudaba públicamente sus márgenes ante la segunda, que los mantenía ocultos. 

Hoy el problema no es obtener información. La información es abundantísima, publicada en tiempo real y accesible a todo el mundo vía internet. La actividad de análisis de la información es mucho más importante que la actividad de obtención de información, especialmente en grandes compañías como las que forman mi universo de inversión. Saber qué información es realmente relevante y cuál es superflua no es una tarea fácil. Pero haber seguido durante muchos años la vida de una compañía ayuda bastante a ello.

Y el buen análisis es el que da lugar a una clara síntesis, a unas conclusiones que permitan tomar decisiones. La síntesis del buen análisis de compañías cotizadas es la valoración fundamental de sus acciones. Cuanto más estrecho sea el rango de valoración fundamental en el que nos sintamos cómodos, más útil nos habrá sido el análisis. Comprar por debajo del rango bajo de la valoración fundamental y vender por encima. Diga lo que diga en cada momento el mercado que, por definición, siendo evidente que cambia permanentemente y mucho de opinión, está siempre equivocado.

Así de simple, y así de complicado.

Josep