8 de septiembre de 2014

El pasado jueves Draghi sorprendía al mercado (o, por lo menos a mí) con una nueva bajada de tipos y el anuncio de un programa de compra de activos. Aunque hasta octubre no conoceremos los detalles  del programa de compra de activos sí sabemos, por las respuestas del presidente del BCE en la conferencia de prensa, que incluirá titulizaciones y cédulas. Las titulizaciones que podrá comprar el BCE incluyen tanto las ya emitidas como las de nueva emisión y pueden ser tanto de préstamos inmobiliarios con garantía hipotecaria como de préstamos a empresas sin garantía. En resumidas cuentas, el BCE podrá, por vez primera, comprar (no solo aceptar en garantía) y mantener en balance (sin "esterilizar" o vender lo comprado como hasta ahora) todo tipo de activos, con la excepción de la deuda soberana.

La decisión del BCE no fue unánime aunque sí "claramente mayoritaria". Algunos querían más y otros querían menos. Draghi no dijo quiénes estaban en cada bando. Pero intuímos que entre los que no querían más (más hubiera sido comprar deuda soberana) estaban los alemanes, que considerarían la compra de bonos de los estados por el BCE como una vía indirecta de mutualización de de la deuda, como un eurobono que entra por la puerta de atrás.

El BCE financiará directamente al sector financiero (cédulas) y al sector privado (titulizaciones), aunque no al sector público. De esto ya pueden encargarse, si lo desean, los bancos privados, comprando bonos de los distintos tesoros aunque, francamente, a los tipos actuales, no parece una opción de inversion enormemente atractiva.

La compra de activos por el BCE da liquidez al sistema bancario y facilita que pueda prestar a empresas y familias. En función de los precios a los que se acaben adquiriendo algunos de los activos (como las titulizaciones hipotecarias y vigentes), podrá también constituir un alivio importante para algunas instituciones, como los landesbank alemanes, que tienen ingentes cantidades de papel de este tipo (en buena parte de origen español), cuya liquidación en mercado podría resultar complicada para sus cuentas de resultados y balances. No tenemos que ser malpensados, pero si quisiéramos serlo, podríamos ver en la compra de titulizaciones por el BCE un plan de ayuda (por no decir de salvamento) a pequeños y medianos bancos alemanes. 

En todo caso, bienvenido sea si contribuye a que el sistema bancario de la zona euro, después de tantos años de crisis, vuelve a funcionar con normalidad. Con las últimas medidas, y una buena nota en los exámenes de noviembre, habrá llegado definitivamente, la hora de los bancos.

Josep