6 de mayo de 2016

En lo que va de año he perdido la rutina de mantenerme en contacto con los participantes en este foro, muchos de ellos fieles inversores en mi fondo. Los primeros meses del año son especialmente intensos en el esfuerzo de análisis, puesto que la mejor información, la más completa que proporcionan las compañías, suele suministrarse con motivo de la publicación de los resultados de cierre de ejercicio y de las memorias anuales. Es también una época en la que las visitas a clientes y potenciales inversores, para rendir cuentas de los resultados del fondo en el año natural anterior y plantear la estrategia de inversión para el año que empieza, absorben buen parte del tiempo.

Siendo estrictamente cierto todo lo anterior, no sirve de excusa para desatender un foro como el de Unience en el que siempre he sido bien tratado y que es fuente de reflexiones muy útiles para mí, profesionalmente, pero también, en no pocos casos, personalmente. Si se quiere, siempre se encuentra un cuarto de hora para mantener viva la comunicación.

Tras casi tres años en contacto con los participantes en este foro, muchos de los temas sobre los que he querido aportar mi opinión ya han sido tratados, en algún caso de forma reiterativa. A veces se hace difícil volver a comentar una reunión del BCE o de la Reserva Federal (son todas tan parecidas...), o reiterar las reflexiones sobre la poca importancia fundamental, para la inversión a largo plazo, de tal o cual avatar político. Los tipos se mantendrán bajos durante mucho tiempo, Europa crecerá moderadamente, Estados Unidos algo más y China seguirá haciéndolo a ritmos vivos. En este entorno los beneficios empresariales aumentarán a tipo de cambio constante. La oscilación de las divisas o del precio de las materias primas añadirá algo de volatilidad a los resultados publicados de buena parte de compañías. Y la percepción de riesgo seguirá marcada muchas veces, no por dudas concretas sobre el resultado de compañías concretas, sino por temores genéricos, desde atentados terroristas, a dificultades de formar gobierno, pasando por referéndums, medidas puntuales de bancos centrales, datos de coyuntura, o mil pequeñas cosas que servirán de excusa para explicar porque hoy venden acciones los mismos que anteayer las compraban a un precio más alto.

Si uno quiere evitar el riesgo de ser percibido como poco original, repetitivo o hasta pesado, es muy fácil caer en la tentación de no escribir, o hacerlo muy de vez en cuando. Pero si uno administra dinero ajeno es un riesgo que no debe soslayar. Es mejor decir cosas, quizás ya sabidas, que no decir nada. Sobre todo cuando los mercados no acompañan, en el corto plazo, las tesis sobre las que uno basa su política de inversión. 

El trabajo bien hecho tiene mucho de rutina. En el mío, por ejemplo, una rutina diaria es la siguiente: hacer click a setenta enlaces que me llevan a las setenta páginas de relaciones con inversores de las setenta compañías que analizo para decidir, de entre ellas, cuales son las 23,24 o 25 que tendré en la cartera del fondo. Puede parecer un trabajo anodino, pero no solo es necesario sino que, en los setenta clicks, cada día, por lo menos uno o dos, llevan a algo interesante. La mayoría de clicks, en un día concreto, no llevan a nada, pero la única forma de saberlo es haciéndolo. 

Si escribo cada día, o casi cada día, en este foro, corro el riesgo de que en la mayoría de las ocasiones, para la mayoría de los lectores, lo que diga no tenga interés. Pero si pierdo la rutina de hacerlo, lo que es seguro es que nunca diré nada interesante para nadie.

Discúlpenme pues si, a partir de hoy, algunos días les parezco pesado.

Josep