15 de enero de 2016

En el momento en el que estoy escribiendo estas líneas la bolsa americana está cayendo un 2% y la europea un poco más. Estamos en los niveles mínimos del año anterior en ambos mercados, los que vivimos el pasado verano cuando se produjo el derrumbe de la bolsa china. El año pasado nos recuperamos con cierta rapidez del susto. Este año lo haremos también, no lo duden. Porque lo realmente importante, los beneficios empresariales, están respondiendo a lo que se podía esperar, están aumentando.

En Europa todavía no tenemos datos de cierre de ejercicio completos, solo algunos aislados. Sabemos que Carrefour ha aumentado sus ventas más de un 5% a nivel global y que, por vez primera en muchos años ha cerrado el ejercicio con crecimientos positivos en todos sus mercados europeos. En España, el aumento de ventas, a superficie comparable, ha sido del 2,5%, en linea con el crecimiento nominal del PIB. Vuelta, pues a la normalidad. 

Si tenemos algunos datos más completos de empresas norteamericanas. Concretamente de tres de sus mayores bancos: JP Morgan, Citigroup y Wells Fargo. Todos aumentan beneficios y lo hacen en línea o por encima de lo que preveía el mercado. El banco más representativo de la evolución de la economía y las pequeñas empresas norteamericanas, Wells Fargo, cierra el año con un aumento de los depósitos del 7%, mientras los créditos crecen al 6%, un crecimiento sano y equilibrado, acorde con el oficial de la economía en términos nominales (marginalmente superior). JP Morgan y Wells Fargo obtienen un ROE del 13% y Citigroup (que tuvo que ser rescatado en la crisis de 2008) alcanza rentabilidades ya bastante normales, del 9% sobre recursos propios. JP Morgan cotiza a PER 10 sobre el beneficio de año cerrado, Wells Fargo a PER 12 y Citigroup a PER inferior a 8. Los dos primeros cotizan marginalmente por encima de valor en libros y el tercero con un descuento del 25%. No son múltiplos, desde luego, muy altos. No lo serían si los tipos de interés a largo plazo estuvieran en el 5% o el 6%, y  mucho menos estando al 2% como están.

Es cierto que el petróleo no para de caer. Ya está por debajo de 30$ el barril. Este es el precio medio  que, en términos reales, si lo actualizáramos por la inflación acumulada, había venido manteniendo en los años 90 y en la primera mitad de la década del 2000. No es nada excepcional, y para las zonas, como Europa y Asia, que son claramente importadoras netas, es una buena noticia. El bajo precio se debe al exceso de oferta, no a la falta de demanda. De hecho en 2015 la demanda ha aumentado más de lo previsto, por encima de 1,5 milliones de barriles diarios adicionales, y en 2016 es previsible que siga aumentando a ritmos superiores al millón diario de barriles, por encima del incremento previsto para las próximas dos décadas según la OPEP. La nueva producción de petróleo procedente de Estados Unidos y Canadá, el shale oil y las arenas bituminosas, ha añadido más de 1 millón de barriles de oferta anual durante los dos últimos años. Con la caída de precios es previsible que el incremento de oferta  por esta vía disminuya, hasta decrecer en 2017. Aunque los costes de extracción se han reducido en los últimos años, por mejora de tecnologías y economías de escala, el coste completo se sitúa en niveles de entre 40 y 60 dólares y el coste marginal no baja de los 30 dólares por barril. Ello hace prever que los precios puedan subir. De hecho lo harían inmediatamente si Arabia Saudita, como líder de la OPEP, acordara una reducción temporal del 5% de su producción. Saber si lo harán mañana o tardará unos meses es difícil. Extraer petróleo en Arabia cuesta menos de 10$, pero hacerlo en otros países miembros, como Nigeria o Venezuela, ya cuesta algo más. Mantener los precios bajos durante un período lo suficientemente prolongado puede llevar a la práctica quiebra de los nuevos productores de shale oil, a la insolvencia de sus bonos, ya basura (eufemísticamente llamados high yield), y ello genera ciertas convulsiones en los mercados. Los fondos que los tienen en cartera empiezan ya a perder bastante dinero, superan sus límites de volatilidad (eufemismo de pérdida), y venden acciones. Algunos fondos soberanos del golfo pueden estar haciendo también caja, ante el coyuntural descenso de ingresos que generan los bajos precios del crudo.

En fin, muchas historias financieras y de táctica especulativa, y una realidad de fondo. El mundo sigue creciendo a tasas razonables. La evolución de las masas de balance de los grandes bancos americanos lo pone de manifiesto, como también lo hace la recaudación de los hipermercados y supermercados de Carrefour. En China el gobierno está modulando el pinchazo de una burbuja bursátil que había llevado a que la clase media se aficionase al juego e incitaba a muchos emprendedores a colocar sus empresas en bolsa a múltiplos astronómicos y desentenderse de ellas. 

En fin, mucho nerviosismo entre los que creen que cuando los precios bajan hay que vender, algo que solo sucede en los mercados financieros. En los reales, normalmente, a eso se le llama rebajas, e incentiva las compras.

A precios de mercado tenemos menos dinero. A valor real tenemos el mismo que teníamos antes de la caída. 

Evidentemente no estoy contento. Pero, de verdad, estoy muy tranquilo.

Los precios bursátiles nunca coinciden con el valor fundamental. Pero hoy están especialmente equivocados.

Josep