28 de abril de 2014

No había escrito nada sobre Ucrania en el último mes y medio. Los acontecimientos se han desarrollado según lo previsible. Crimea se ha unido a Rusia y no ha habido guerra. Sí ha habido episodios de violencia pero las víctimas mortales son excepcionales, se cuentan por unidades. Bandas menos anárquicas de lo que aparentan, terroristas según los que están gobernando en Ucrania, patrullas de autodefensa según los que gobiernan en Rusia, campan a sus anchas en algunas localidades de las regiones orientales de Ucrania sin reconocer como legítima la autoridad resultante de la revolucion democrática o golpe de estado, elijan la versión que quieran, del Maidan.

Estados Unidos y, a regañadientes Europa, manifiestan su descontento hacia la postura de Rusia en el conflicto y le imponen simbólicas sanciones. El actual gobierno de Ucrania ha amagado con el uso del ejército para reprimir a los rebeldes de las regiones del este, pero ha dado marcha atrás, inmediatamente, tras el anuncio de maniobras militares rusas en la frontera. Nadie debe olvidar que los actuales generales del ejército ucraniano son antiguos oficiales del ejército soviético, compañeros de academia, y compañeros de campaña, cuando eran tenientes, capitanes o coroneles, de los actuales generales del ejército ruso. Que un presidente o un primer ministro en funciones, que no han llegado al poder mediante las urnas sino como consecuencia de episodios de caos y descontrol, intenten dar órdenes a antiguos oficiales soviéticos de disparar contra una población que se siente culturalmente y sentimentalmente próxima a Rusia, puede ser una llamada a un golpe de estado. Porque los generales ucranianos saben perfectamente lo que ocurrirá si sus tanques disparan. Saben que, si de tanques se trata, los rusos tienen más, y que en menos de un día la nueva frontera de Ucrania queda establecida en el Dniéper. Y que todos los almirantes quedan en el paro,  puesto que en las regiones ribereñas del Mar Negro, no habrá de faltar un referéndum favorable a la adhesión a Rusia.

El Dniéper es el segundo río más largo de Europa, tras el Danubio (o el tercero, si consideramos que Rusia es también Europa, y el Volga es un río europeo). Y fue el escenario, hace setenta años de la segunda batalla más sangrienta (tras la de Stalingrado) de la segunda guerra mundial. Un millón de rusos y medio millón de alemanes perdieron la vida en ella.

Desde entonces muchos son los puentes que se han tendido sobre el Dniéper y muchos los gasoductos que lo cruzan.  De hecho, el principal puente sobre el Dniéper, hoy por hoy es un gasoducto que, curiosamente no discurre por el río, sino por un mar bastante alejado del mismo, el báltico. Es el gasoducto Nord Stream, propiedad de Gazprom, EON, BASF y GDF Suez, que asegura el suministro de gas desde Rusia a Alemania.

Kissinger dijo una vez que Estados Unidos no tenía amigos ni enemigos, sino intereses. Putin podría decir lo mismo. Los intereses comunes son la mejor garantía de la paz.

Josep