Sale Volkswagen, entra Repsol

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21 de septiembre de 2015

Tan pronto como ha abierto el mercado he vendido todas las acciones de Volkswagen que teníamos en cartera. La empresa ha sido acusada de fraude en la medición de emisiones, y su presidente, en la nota publicada hoy en su página web, no lo desmiente. No sé a cuánto ascenderá la multa que le será impuesta por las autoridades norteamericanas. Pero el riesgo de que sea cuantiosísima es siempre alto al otro lado del atlántico. Y, para mí, lo realmente grave es que sea un fraude, no un fallo de fabricación. Con el tiempo todo se asentará, y Volkswagen seguirá vendiendo diez millones de coches cada año, a un margen más que suficiente para justificar su actual capitalización bursátil. El engaño es grande, grande es la decepción, y no quiero especular a la cuantificación del castigo. Vendo y se acabó. Compramos las acciones de Volkswagen en 162 euros y las vendemos en 139. A veces se gana y a veces se pierde. En esta ocasión hemos perdido, por una causa que, evidentemente, desconocíamos. Pero estoy más tranquilo no siendo socio de una empresa que comete fraudes. 

El dinero obtenido con la venta de Volkswagen lo hemos empleado en la compra de acciones de Repsol. La petrolera española había sufrido un castigo severísimo y específico (que no obedecía a una tendencia sectorial) como consecuencia, en mi opinión, de su exclusión del índice Euro Stoxx 50  en su revisión anual que entra en vigor hoy. Repsol y RWE, las dos empresas del índice con menor capitalización bursátil,  ceden su puesto a la farmacéutica alemana Fresenius y la aeronáutica francesa Safran. 

Cuando una compañía está en el índice Euro Stoxx 50 implica que hay un número no despreciable de inversores que directamente, o de forma indirecta mediante futuros del índice, invierte en sus acciones. No se trata de que la compañía les guste más o menos. Simplemente está en el índice, y por tanto, la tienen. De la misma forma, cuando sale del índice dejan de tenerla, sin preguntarse si está cara o barata, como no lo hicieron cuando, por estar en el índice, la compraron. Salir del índice implica un castigo, y entrar un premio, en el corto plazo, de alrededor de un mes, que media entre el momento en que se sabe cuáles van a ser los cambios y el día que se hacen efectivos. 

Con la caída del último mes Repsol capitaliza 15.000 millones de euros. Solo con los beneficios que obtiene en sus actividades de refino y marketing (con convertir el petróleo en gasolina y gasóleo y venderlo en sus gasolineras) en España, justifica dicho precio. A poco que, a medio plazo, sus actividades de exploración y producción de petróleo vuelvan a contribuir, aunque sea marginalmente, a la generación de beneficio operativo, la recuperación del valor debería ser clara.

Josep Prats

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