14 de junio de 2016

Las últimas encuestas sobre el referéndum parecen apuntar a un fortalecimiento de la opción favorable a la salida de la UE. Las publicadas por los medios, como The Guardian, más favorables a la permanencia son, sintomáticamente, las que muestran un resultado más sesgado hacia el leave. ¿Los 1.000 encuestados se habrán seleccionado correctamente, como una muestra realmente representativa de la población británica? ¿Hay algún interés en exagerar el riesgo de que la opción del Brexit gane para movilizar a los partidarios del remain?

No lo sabemos. Y no lo sabremos hasta dentro de ocho días. Tendremos todavía una semana en la que los mercados oscilarán al compás de las encuestas. Los inversores que compramos acciones teniendo en cuenta la expectativa de generación de beneficios a largo plazo de las compañías no estamos comprando o vendiendo acciones por lo que pueda decir la última encuesta. Las empresas que tengo en cartera no ven alterada su posición competitiva, no ven variar sus márgenes operativos, no tienen ni peores ingenieros, ni peores comerciales, ni peores administrativos, ni menos clientes, ni más competencia, ni mayores costes, porque ayer una encuesta mostrara una preferencia por el Brexit, y no serán distintas el jueves que viene aunque salga el no. Pero hay mucha gente que se distrae intentando acertar los movimientos bursátiles de un día a otro, guidados por una interpretación del estado de ánimo, por lo que viene en llamarse percepción de riesgo.

Con Brexit o sin él, las grandes compañías globales que tenemos en cartera valen lo mismo, porque el mundo no crecerá más o menos tras el recuento del referéndum. Puede haber nerviosismo en los mercados durante unos días, oscilaciones de tipos de cambio o de diferenciales de deuda pública. Pero en lo fundamental nada cambia. Y, en todo caso, el nivel de infravaloración fundamental que ya era alto hace unas semanas antes de que la opción del leave ganara fuerza en las encuestas,   se ha incrementado notablemente en los últimos días. El posible leave está más que descontado. Por ello, si gana el remain, si al final se vota a favor del mantenimiento del statu quo, que es lo que suele suceder cuando se llega con un resultado muy ajustado en las encuestas, la subida de las bolsas debería ser muy rápida.

La campaña empezó de forma relativamente elegante, discutiendo sobre la balanza fiscal entre Reino Unido y la UE.  Los partidarios de la salida ya han abandonado esta vía, poco convincente, con un déficit fiscal ridículo comparado con el volumen de exportaciones del Reino Unido a la Unión. Y han optado por tocar temas ya políticamente menos correctos, como la inmigración, señalada como causa del empobrecimiento de la clase media baja local. De ahí el papel crucial que en la última semana tendrán los líderes laboristas, cuyo electorado tradicional ha sido receptivo a las tesis del populista UKIP.  Al final, el que puede temer la inmigración es el obrero de Manchester, no el ejecutivo de la City. 

Como ya anticipábamos en un post anterior, al final Cameron deberá dar un paso al lado y dejar el terreno libre para Gordon Brown, el único laborista convincente, el que salva con sus intervenciones los resultados de los referéndums que el premier conservador convoca. Brown aseguró la permanencia de Escocia en el Reino Unido haciendo ver a los jubilados escoceses la conveniencia de mantener el statu quo, para ellos, sus pensiones. E intentará hacer lo mismo en los dos últimos días de campaña en este nuevo referéndum.

Al final, tristemente, el referéndum se acabará decidiendo entre el miedo al inmigrante y el miedo a ver reducida la pensión. Y hay más jubilados que trabajadores que vean peligrar su puesto de trabajo en favor de un inmigrante.

Josep