11 de julio de 2013

Cuando hace un par de días les anunciaba los cambios en la cartera, disminuyendo el peso en consumo y aumentándolo en industria, les decía que, a diferencia de las clasificaciones sectoriales al uso, no consideraba a LVMH (que mantengo en el fondo) como una compañía de consumo cíclico. La evolución de sus ventas en los últimos años avalaban mi afirmación. El peor año de la crisis, el 2009, las ventas del grupo a perímetro comparable cayeron solo un 4% (las totales se mantuvieron planas). Y desde entonces ha recuperado tasas de crecimiento iguales o superiores al 10% anual. Manteniendo, en todo momento, holgados márgenes operativos, nunca inferiores al 20% sobre ventas.

La multinacional de origen francés se define como un grupo con vocación de liderazgo en todos los sectores del lujo. Y, ojo, dicen lujo y no moda, que la moda, como decía Dalí, es lo que pasa de moda. Los productos de LVMH son aquellos que nacen con vocación de no pasar de moda, aunque muchos de ellos sean de una vida tan efímera como una compa de champagne o de cognac.

Un 15% de su cifra de negocios proviene  de las bebidas alcohóllcas, un 35% de los artículos textiles y de piel, un 13% de los perfumes y cosméticos y un 10% de los relojes. El resto de las ventas (27% de los 30.000 Mn€ anuales) proviene de la distribución de otros productos de lujo a través de canales especializados (cruceros, aeropuertos, hoteles, cadenas de perfumerías...). 

Asia es su principal mercado (36% de las ventas, un 8% en Japón), seguido de Europa (31% de las venrtas, un 11% en Francia) y Estados Unidos (23% de las ventas).

Moët Chandon, Dom Pérignon, Hennessy, Glenmorangie, Chateau d'Yquem, Louis Vuitton, Givenchy, Marc Jacobs, Donna Karan, Loewe, Guerlain, Kenzo, Bulgari, Tag Heuer, Hublot, De Beers. Estas son algunas de sus marcas. Productos muy diversos con una característica común: un cero más (a la derecha) en el precio que los de calidad estándar.

Es una compañía poco partidaria de salir en los periódicos (pueden pasar semanas sin que cuelguen una nota de prensa en su web)  pero que crece constantemente, tanto de forma orgánica, como vía adquisiciones. Raro es el año en el que no realizan una, buscando siempre el encaje de la compra en su filosofía de lujo. Si el precio de venta de sus productos no tiene una cifra más que el de los de categoría media, no es para LVMH. Recientemente dos han sido las noticias que han puesto a LVMH en prensa. La primera una pequeña multa que ha tenido que pagar a la autoridad francesa de los mercados de valores por haberse hecho con una participación relevante en el capital de Hermès de forma poco transparente. Tiene ya un 30% de Hermès, contra la voluntad de la actual dirección de la compañía que, obviamente, teme que tarde o temprano tomen el control. La segunda ha sido la adquisición, a los hermanos Loro Piana, del 80% del capital de la compañía que lleva su apellido por 2.000 Mn€ (2.700 Mn€ de valor implícito del negocio para el 100% del capital y de la deuda). Poco conocida en España, Loro Piana factura unos 700 Mn€ anuales y obtiene un resultado bruto de 140 Mn€ (ese 20% de margen sobre ventas que caracteriza a los productos LVMH). Especializada originalmente en tejidos de cashmere para la elaboración de trajes de caballero de alta calidad, ha ampliado su área de actividad hacia producto terminado, principalmente confecciones a partir de materias primas como cashmere, vicuña, seda natural y pieles.

Visto el precio pagado, y desconociendo la marca, tuve la oportunidad de realizar ayer, a la hora de comer, un poco de trabajo de campo. En Madrid, la calle con mayor número de escaparates de un cero más lleva el nombre de un catedrático de metafísica. Lo considero muy adecuado, puesto que la metafísica se ocupa de estudiar lo mismo que la economía (el estudio de los principios fundamentales de la realidad), pero sin preocuparse por los números. Y es que, como ya dijo el matador de toros Rafael el Gallo, al serle presentado don José Ortega y Gasset como catedrático de metafísica: tiene que haber gente pa tó. 

Me asomé al escaparate de la tienda de Loro Piana, vi los precios, y no me atreví a entrar. Hay una leyenda urbana que dice que, en determinados establecimientos hay unos sensores especiales capaces de identificar el límite de crédito de las tarjetas de aquellos que osan entrar, y que si éste no es de cinco cifras saltan las alarmas. No quise exponerme al ridículo.

Pero, realmente, era todo muy bonito y aparentaba gran calidad. Adecuado para los bolsillos de una minoría (el 1% de la población que tiene ingresos anuales de seis cifras, tendiendo a siete, y patrimonio de siete cifras, tendiendo a ocho), que a nivel global no dejan de ser algunas decenas de millones de personas. Y aunque quizás no adecuado a sus bolsillos, también apetecido, y ocasionalmente tanteado, por los de un cero menos.

Y es que, como escribió Oscar Wilde I have the simplest taste, I am always satisfied with the best.

Josep