1 de junio de 2016

Ayer les manifestaba mi confianza, o por lo menos mi esperanza, sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea. Quiero creer que en el referéndum ganará la opción del remain. Pero vistas las caídas de la bolsa de ayer a última hora y las que estamos viendo hoy, especialmente centradas en el sector financiero, parece que la publicación por The Guardian de los resultados de una encuesta telefónica a 1.000 personas que daba una ligera ventaja a los partidarios del leave, de los que quieren abandonar la UE, ha hecho saltar muchas alarmas. 

Quiero pensar que las encuestas responden a tácticas de movilización del electorado. No entiendo, francamente, como puede haber resultados tan dispares en tan breve período de tiempo sobre un sí o un no. Estoy completamente convencido de que una encuesta con una muestra bastante más amplia, realizada de forma profesional, como por ejemplo la que utiliza en España el CIS antes de las elecciones, de entre 20.000 y 30.000 personas, aportaría resultados incontestables. Que se verían refrendados si, a la semana siguiente, se hiciera otra encuesta de las mismas características. No sé si nadie la ha hecho o si, quienes la tienen, no la quieren publicar, por una u otra razón.

Repaso la prensa seria británica y veo que el periódico de la CIty, el Financial Times, se muestra partidario de la permanencia. El períódico de la izquierda culta,  The Guardian, es algo más equidistante, pero con un claro sesgo a favor del  remain. Y el periódico de la derecha culta, The Times, aparenta más bien una neutralidad dando bastante voz a los partidarios del leave, en línea con la división de opiniones en el Partido Conservador .  

Doy por hecho, aunque no los leo, que los periódicos más populares como The Sun y otros de letra grande y mucha foto, son más bien partidarios del Brexit. 

Si se da por sentado que el voto por la permanencia gana claramente es probable que sus partidarios, en general más jóvenes, mejor formados y con empleos más cualificados que los partidarios del no, no vayan a votar. Hay que movilizar dicho voto, incluso aunque los que saben de verdad cuál es el resultado de una encuesta bien hecha, vean que hay cinco o diez puntos de margen. Espero que esta sea la intención de  The Guardian. 

Si consultamos la opinión de aquellos que la acompañan con su dinero, la de los apostadores, podemos ver, por ejemplo, en la web de William Hill, que ahora mismo el sí a la permanencia en Europa ofrece un premio de apenas 2 libras por cada 7 apostadas, mientras el no paga mucho mejor, 13 libras por cada 5 apostadas. Traducido a porcentaje de dinero apostado en favor de una u otra opción,  un 78% confía en la permanencia y un 22% por la salida.

Si las cosas se pusieran muy mal para los partidarios del sí, les aconsejaría dejar la responsabilidad de la parte final de la campaña a Gordon Brown, que define su postura con la frase leading, not leaving Europe. Ya ha hecho algunas reflexiones prácticas, dirigidas a aquellas madres que quieran que sus hijos puedan tener trabajos de calidad, asegurando que estar en la UE lo garantiza mejor. Solo falta, como hizo el día anterior al referéndum escocés, que consiga sembrar, con gran elegancia y capacidad de convicción, la sombra de la duda sobre las pensiones de los jubilados en el caso de que cambie el statu quo. Bastaría con decirles que los jóvenes immigrantes que quizás no les caen demasiado bien están hoy por hoy contribuyendo a la seguridad social con un dinero que ahora mismo están recibiendo los jubilados, mayoritariamente británicos de pura cepa.  

Los empresarios y los empleados cualificados ya están mayoritariamente a favor del sí. Los empleados británicos menos cualificados, los más sensibles a la presión salarial creada por la inmigración, son la principal fuente de captación de votos para el no. En los jubilados, más de una cuarta parte del censo, podría estar el fiel de la balanza. A la hora de la verdad, todo el mundo echará cuentas.

¿Y si, a pesar de todo, sale el no? Si gana el  leave tendremos que prepararnos para una buena convulsión en los mercados. Es evidente que, al día siguiente, la vida seguirá igual, y los fabricantes de ropa seguirán vendiendo la misma ropa, los de automóviles los mismos coches, los bancos seguirán prestando, las familias suscribiendo seguros, y los habituales del pub seguirán bebiendo cerveza. Pero habrá muchos nervios, sobre todo si en breve plazo la Unión Europea no actúa de forma clara.

En ese caso, quizás valdría la pena aplicar la máxima  que reza "a grandes males, grandes remedios". Una reunión extraordinaria, inmediata, de los jefes de estado y de gobierno de todos los países de la UE, en la que los dos grandes, Alemania y Francia, y los dos medianos, Italia y España, llegaran a un acuerdo claro. En un plazo breve, en menos de un año y medio, Gran Bretaña debería estar plenamente fuera de la Unión. Y todos los que quisieran seguir dentro de ella, deberían adoptar el compromiso explícito de adoptar el euro como moneda común. Los países que no tienen el euro porque no quieren, no porque sus economías no estén lo bastante desarrolladas y saneadas para tenerlo, sino justamente lo contrario, como Suecia y Dinamarca, deberían adoptarlo antes de finales de 2017. Ni coronas danesas, ni coronas suecas. O euro o nada. Y para los países que no tienen el euro, el compromiso claro de que, tan pronto como cumplieran con los mínimos exigidos, serían forzados a adoptar la divisa común. Con moneda única, no habría distinción entre Unión Europea y Eurozona, y quien quisiera incorporarse, en adelante, a la Unión, debería tener cumplidos todos los requisitos de estabilidad y desarrollo económico y político que se exigen para entrar en el euro.¿Que a Turquía le faltan todavía unas décadas para ello? ¡Qué le vamos a hacer!

Y, obviamente, emprender rápidamente un proceso de cesión de soberanía fiscal desde los estados nacionales a la Unión. 

Obviamente, nuestros amigos británicos, serían bienvenidos en cualquier momento a la Eurozona. Tan pronto como se hubieran librado de la libra.

Josep