Adiós al espíritu social fundador y democrático de Europa con el último Tratado Europeo de Estabilidad, coordinación y… ya que es antidemocrático al marginar al Parlamento Europeo   y a las cámaras legislativas de los respectivos Estados miembros, consolidando el poder ejecutivo de Alemania y Francia. Perdiendo en consecuencia soberanía presupuestaria el resto Estados. Además que amenaza competencias previstas en el Tratado de Lisboa.

No menos importante es que las políticas de austeridad, ajuste presupuestario y reformas estructurales se elevan al máximo nivel, comportando que la crisis financiera se haya traspasado a la esfera social y política, deteriorando los servicios públicos, los derechos laborales y creo que convirtiendo el proyecto europeo en un instrumento para someter la democracia al mandato de la económica financiera.

Pienso que este tratado renuncia a concentrar los esfuerzos en lo fundamental que es incentivar la ocupación, políticas energéticas, medioambientales en vez de presionar a la baja los salarios e individualizar las relaciones laborales. Todo ello conllevará con seguridad a la precariedad, más desigualdades y el debilitamiento del marco social de la Unión Europea, clave del éxito de la aceptación por parte de los nacionales de cada país del proyecto europeo. Con lo cual no podemos extrañarnos del creciente rechazo de los ciudadanos europeos a esta nueva construcción europea.