TECHO A LA VISTA

La llegada del índice IBEX 35 a los 10.000 puntos ha desatado la euforia, las ganas de comprar y las tentaciones de meter la pata. Al fin y al cabo, y como dice Warren Buffet, “hay que comprar cuando los demás sean miedosos y vender cuando los demás sean codiciosos”.

El problema es que no hay norma de actuación para cuando, como en esta ocasión, los codiciosos están muertos de miedo. Pues esa incursión del IBEX 35 en aguas por las que no transitaba desde 2009 (subiendo) o 2010 (bajando) se produce en mitad de todas las dudas sobre si la salida de la recesión de la economía española y de la de la Eurozona será sostenible.

Por ahora, todo está bastante relajado, con la rentabilidad de la deuda pública española, para el plazo de 10 años, en un 4%, que viene a ser la mitad de cara para el estado español de lo que lo era en agosto del año pasado o en julio de 2011.

¿Puede durar tanta bonanza?. Lo que es demasiado bueno para durar, no durará. Y más cuando buena parte de los grandes desequilibrios de la economía global están por corregir, y cuando cada dólar o euro que se añade a la oferta monetaria mundial produce un resultado económico menor que el del anterior (según estimaciones de un equipo de analistas de JP Morgan, la oferta monetaria mundial ha crecido este año en el equivalente a tres billones de dólares, de los que uno corresponde a los países desarrollados y dos a las economías emergentes; liquidez más que suficiente para mantener a las Bolsas levitando). 

Sin embargo, el IBEX 35 está comportándose desde finales 2007 de una manera muy parecida a como lo hizo el japonés Nikkei 225 a partir de enero de 1990. Desde entonces, el Nikkei ha tenido al menos cinco o seis arrancadas como la reciente del IBEX 35 que quedaron finalmente en nada. Por tanto, más vale que los miedosos se cuiden, sobre todo si se estén viendo corroídos por la codicia.

Juan Ignacio Crespo

Estadístico del Estado. Autor del libro “Las dos próximas recesiones”