Se cumplen en estos días de junio previos al referéndum “Brexit”, 53 años desde que el General De Gaulle (Charles De Gaulle), entonces Presidente de la República Francesa, vetara la entrada de Reino Unido en el Mercado Común. Ese veto se mantuvo hasta su salida del poder en 1969, cosa que ocurrió un año antes de su muerte.

Tres años más tarde de ésta, en 1973, el Reino Unido se incorporaba a lo que terminaría llamándose Unión Europea, y dos años después se convocaba un  referéndum para decidir si estar en la Unión Europea o no. De modo que el voto que los británicos van a ejercer dentro de cuatro días no es el primero  relacionado con su permanencia en Europa y la suma de los dos referenda más la relación tempestuosa que, a veces, han tenido con el proyecto de la Unión es una muestra del “gata-florismo” que se apodera de la antigua potencia imperial cada vez que se mira el ombligo y se pregunta “¿Quién somos?, “de dónde venimos?, ¿a dónde vamos?”.

En aquélla primera votación de 1975 todo se parecía mucho a la situación actual y a la de los últimos años: 1) EEUU empezaba a recuperarse de la recesión de 1973-1974 (la Bolsa USA había marcado su mínimo seis meses antes, a finales de 1974) tras el primer shock energético; 2) En Reino Unido, aunque estaba el Partido Laborista en el poder, el gobierno se dividió, de modo que parte de él hizo campaña a favor de estar en la UE y parte la hizo en contra; 3) los sindicatos estaban en contra de estar en la UE; 4) el año había comenzado con la quiebra de una empresa petrolera muy importante en Reino Unido, Burmah Oil, a la que tuvo que rescatar el Banco de Inglaterra (al igual que ahora la dificultad de los traders de materias primas, entonces Bowater y ahora Noble, era la tónica del momento); 5) también tuvo estado que dedicar lo que entonces eran enormes recursos (180 millones de libras) para rescatar a Chrysler,..

También existían diferencias: la libra había iniciado un fuerte declive secular frente al dólar y la balanza por cuenta británica, que era deficitaria, no conocía la masiva entrada de capitales de ahora por lo que la caída de la libra esterlina parecía imparable… Tanto que, pocos meses después del referéndum, Reino Unido tuvo que solicitar ayuda al FMI.

Valga todo esto como preámbulo de la pregunta que interesa estos días a todo el mundo: ¿saldrá Reino Unido de la Unión Europea?. Mi respuesta es un doble NO. Por dos razones:

Tanto si votan quedarse como si votan irse, el Reino Unido seguirá estando dentro de la UE: el comercio es un pegamento demasiado fuerte como para que puedan irse. Si decidieran esto último, se producirían, además de una reacción a corto plazo de grandes altibajos en los mercados, algo mucho más importante: enormes costes tanto para los estados como para las empresas por la modificación de tratados y contratos. Pero pasados unos años el resultado se vería muy parecido al que se hubiera producido si el voto hubiese sido a favor de quedarse en la UE.

Para que se entienda mejor lo que digo basten dos ejemplos con los que razonar por analogía: a) Dinamarca al renunciar al euro, está fuera de la Euurozona y conserva su moneda propia, pero eso le crea un montón de dificultades en los mercados de cambio por su objetivo de mantener la corona danesa pegada al euro: probablemente estar fuera del euro le crea más inconvenientes que ventajas; lo demás, muy parecido… 2) Grecia, votó no aplicar las políticas de la troika en dos ocasiones para terminar aplicando una versión más dura que la versión inicial de esas políticas.

El proyecto de la UE es un proyecto de élites ilustradas y cada vez que se convoca un referéndum corre el riesgo de descarrilar.

Como las encuestas se han revelado muy volátiles, veamos qué es lo que están diciendo los mercados.

Para ello, como suelo hacer, y aplicando el  chartismo histórico, he comparado en distintos gráficos la situación actual con la de las semanas anteriores al referéndum de 1975, y el resultado es éste.

Las Bolsas están teniendo un comportamiento muy parecido, tanto si se usa en la comparación el índice FT 30 como si se hace con el FT All Shares. Solo se percibe un pequeño decalage entre el comportamiento de las acciones que cotizan en Bolsa entonces y ahora.
La deuda pública de Reino Unido a 20 años (20 Years Gilts), salvadas las distancias de nivel de rentabilidad nominal (entonces en niveles de 15% y ahora en 2,2%) también está mostrando un comportamiento parecido al de entonces.
Lo más asombroso: la libra esterlina cotiza contra el euro en estos momentos en el mismo nivel en que cotizaba contra el euro sintético a cuatro días del referéndum de 1975: 1,27%. ¡Parece magia potagia!

 

Es verdad que el euro no existía entonces y que, a quien no le guste la conclusión, tratará de buscar mil excusas en las diferencias entre “entonces” y “ahora”. Discusión fútil en la que no voy a entrar: el juego de las diferencias es muy divertido y da para grandes conversaciones pero aquí y ahora ofrece poco interés.

En esto de la libra solo hay una diferencia que constatar que merezca la pena: dentro del ciclo de la cotización de la libra esterlina contra el euro sintético, en 1975, la moneda británica estaba en ciclo bajista mientras que la convocatoria del referéndum de 2016 la pilla en un ciclo alcista aún no completado. Y esto que, a primera vista, parece que debería ser favorable, pudiera no serlo tanto, porque distorsiona la comparación. Aunque me inclino porque juega a favor de la permanencia en la UE por una razón bien sencilla: el ciclo alcista de la libra esterlina lo normal es que deba completarse y eso, a pesar de lo caprichosos que son los mercados y lo poco que obedecen a veces a los razonamientos macroeconómicos, prácticamente excluye la salida de Reino Unido de la UE. El razonamiento macroeconómico sería el siguiente: Reino Unido tiene un altísimo déficit en su balanza por cuenta corriente (de alrededor del 7% de su PIB) que compensa con enormes entradas de capitales (como refleja la cifra de reservas centrales de divisas del Banco de Inglaterra). Lo normal sería pensar en que una salida de la UE llevaría aparejada una fuerte salida de capitales del Reino Unido, lo que hundiría la cotización de la libra y le impediría completar su ciclo alcista en el período no muy largo que le queda para hacerlo. (Je, je.. curiosamente, si los mercados se estuvieran confundiendo, o yo malinterpretándolos, eso podría terminar llevando a Reino Unido a la situación de 1975 y años siguientes en que necesitara otra vez la ayuda del FMI (también necesitó en aquéllos años la del BIS).

Et voilà! Esa es mi argumentación. Los mercados parecen estar ahora actuando de manera muy parecida a como lo hicieron en 1975. De ahí mi conclusión de que el resultado de referéndum será el mismo que entonces: que Reino Unido se queda en la UE.

Sé que habrá a quien este juego argumental les repelerá, pero, haciendo las simplificaciones propias de cuando se razona en términos lógicos, no es ni más ni menos que la aplicación del 2º axioma de la lógica matemática. Lo que no es óbice para aceptar que el acierto en interpretar lo que están diciendo los mercados es un juego azaroso. Pero puestos a interpretarlos, y asumiendo el riesgo que eso conlleva, las conclusiones en este caso parecen bastante claras. En pocos días sabremos si, además, son acertadas.