2015: SER O NO SER

 

Ser aseguradora o ser asegurado, es el gran dilema al que se enfrentan los clientes conservadores hoy en día sin saberlo, y sin duda el mayor interrogante a la hora de construir carteras de fondos. 

 

La industria financiera disfruta poniendo nombres raros a cosas sencillas. Le hablamos a los clientes de renta fija gubernamental, deuda corporativa Investment Grade, High Yield, Preferentes, CoCos o CAT Bonds, como si fueran mundos distintos entre sí. Llegamos a ignorar, en momentos de alegrías financieras e inyecciones de los bancos centrales, que un plato de lentejas, otro de lentejas con verduras, otro de lentejas con chorizo y morcilla, y por último otro al que además añadiéramos un poco de morro, comparten un denominador común. Son productos donde el cliente cobra (o cobraba, si se quiere ser riguroso) un cupón a cambio de aceptar comerse el marrón si se lía. Esa es la esencia de todo bono. A mayor cupón, mayor marrón, y es exactamente igual que ir de aseguradora por la vida. Recibes prima, tu retribución es maravillosa y la volatilidad de tus ganancias cuasi nula, hasta que llega el día donde se produce la contingencia. Ese es el día donde el asegurado, que lleva viendo como trimestre tras trimestre tenía complejo de pichón o paganini tontorrón, se da cuenta que merecía la pena pagar el seguro, que gracias a el ha sobrevivido sin arruinarse, y la aseguradora asume que no todo el monte es orégano. 

 

En activos con un valor terminal, como ocurre en los bonos, es especialmente importante esta distinción entre ir de aseguradora o ir de asegurado, o long vs short volatility si se prefiere el anglicismo. El cliente conservador, y la industria financiera cuando trata con él, opta por ir de aseguradora por la vida. Suele preferir productos con rentabilidades pasadas altas, y volatilidades bajas, aunque estas se hayan generado a partir del cobro de cupones que ya no existen y por una normalización de los mercados tras una crisis como la de Lehman que ya se ha agotado. Como dice uno de los CIOs de una de las grandes gestoras españolas: tristemente se le llama fondazo al (fondo) que tiene la tiene más larga, más empinada y más recta (la rentabilidad acumulada).

 

Toda cartera de fondos, como todo equipo de fútbol tiene que tener sus defensas y sus delanteros, sus productos con un perfil de "aseguradora" y los que tienen vocación de ir de "asegurados", los que disfrutan de entornos de volatilidades nulas donde nadie quiebra, y los que aceptan sufrir diariamente la volatilidad de su valor liquidativo a cambio de ser líquidos y tener instrumentos paradefenderse cuando vengan mal dadas. No es justo culpar a un portero de un gol cuando atacas con los otros 10 jugadores y en esos partidos en los que nadie defiende, al igual que no tienen sentido culpar a un fondo de renta variable direccional de caer cuando estalla la crisis Subprime aunque esta venga en forma de contra ataque sorpresa por el "lateral crediticio".

 

Por eso es un error pensar que sólo los productos "aseguradoras", hasta arriba de duración, de carry y de rentabilidad (eso sí, sólo desde que quebró Lehman y están los Bancos Centrales@Work) , son lo mejor para el cliente. Al igual que es una cagada afirmar que los clientes únicamente deben tener gestión alternativa, fondos que compren protección o estrategias market neutral. Los dos son ingredientes necesarios, las dos tipologías de producto tienen su rol y el cliente se beneficia de tener de las dos en cartera. Esta es la única manera de poder ofrecer al cliente una correcta diversificación (y no simplemente diversificación semántica, sino real en términos de liquidez y fuentes de rentabilidad y riesgo). Ni todo en un coche es acelerador, ni todo amortiguador. Los dos tienen su función, y generalizar a toro pasado parapetándose en la excusa de que el cliente no lo entiende, no es la mejor manera de defender la salud de sus ahorros.

 

El dilema al que se enfrentan los clientes es si seguir rascando cupón de donde no hay, al calor de las rentabilidades pasadas y de los aparentemente todo poderosos bancos centrales, o invertir en aquellos productos que llevan dos años haciéndolo mal porque no todo es de color de rosas. La solución salomónica y práctica es optar por ambas. Un error de manual de Behavioural Finance es radicalizarse y despreciar una de ellas.

 

Sigueme en @JuanraCaridad