Obtener un 16,1 % de rentabilidad anual media en la cartera Ibérica, desde 1993 hasta nuestros días, es sin duda una hazaña, o al menos a mí, eso me parece. ¿Que se capitalizan los dividendos y en el índice de referencia no?:  Cierto, pero doblar el capital  (después de haber pagado los gastos de gestión) cada 4,5 años, habiendo pasado por dos severas crisis bursátiles, como son la tecnológica de los años 2000 y la reciente financiero-inmobiliaria del 2007-2009, es digno de admiración.

La clave no está únicamente en el value investing; estoy convencido que los conocimientos de la teoría del ciclo basados en la escuela austríaca de economía también ayudan, pero ambas herramientas, el value investing y las ideas de la escuela austríaca, están al alcance de todas las gestoras y tan sólo una minoría se aprovechan de ellas. Quizás otra de las claves de ese éxito radique en la paciencia y en la humildad.  Sin paciencia, con una visión cortoplacista, la estrategia value no funciona. Sin humildad no es posible continuar aprendiendo y evolucionando, porque alguien que ya lo sabe todo no precisa mejorar. Tal vez el saber que no se sabe lo que va a ocurrir en la macroeconomia -como afirmó Paramés en la conferencia de Barcelona- es otra de las claves, y que necesariamente implica poseer una buena dosis de humildad.  Aquel que cree saber lo que en realidad no sabe y no se puede saber es mucho más peligroso que el que sabe que no sabe, porque éste último –aunque sea más “ignorante”- centrará sus esfuerzos en su círculo de competencia y reducirá sus errores. Seguramente es mucho más útil y fácil analizar una compañía que tratar de averiguar si los intereses o el cambio del euro/dólar van a variar en determinada dirección en unos pocos meses.

Pero nunca llueve a gusto de todos y hay quien se atreve a cuestionar esas cifras, esos magníficos resultados, ese proceso inversor value, con comentarios-pregunta del tipo: “No deberían estar tan satisfechos…, si la bolsa sube es natural que los fondos también suban”…  ¡sin comentarios!