Escribir las ideas ayuda a ordenarlas, y hacerlas públicas y someterlas al parecer de otros inversores, sin duda, nos enriquece y nos hace reflexionar.  Cuando leo algunas de esas ideas que escribí hace apenas tres años soy consciente de mi evolución como inversor, para bien o para mal, eso no lo sé, el tiempo dictará sentencia.

Hace cinco años hubiera sido incapaz de invertir en una empresa que cotizara en máximos históricos viniendo desde muy abajo. Aunque reconozco que todavía me cuesta hacerlo, actualmente no soy tan drástico a la hora de analizar los gráficos históricos.

Siguiendo a Graham, siempre me han atraído las empresas que cotizan en mínimos de 52 semanas.  Se ha demostrado que simplemente invirtiendo en el conjunto de ellas se obtienen mejores resultados que si lo hiciéramos en el índice y se suele batir -actuando de esa forma tan simple- la media del señor Mercado.

Si además están en mínimos de diez años, mejor que mejor, esos gráficos son los que atraen la atención de los value investors.

Pero no deberíamos padecer del sesgo del retrovisor ni del efecto anclaje; quien invirtió en Apple cuando estaba a 10 viniendo de 5 y haya mantenido las acciones no se habrá arrepentido de invertir en máximos históricos. Tampoco lo hará quien haya comprado BMW a 30, viniendo un año antes de 15.

Las cotizaciones históricas nos dicen de dónde venimos pero no adónde vamos.  Sea flexible y analice el potencial de la empresa a día de hoy. Que estaba a mitad de precio hace un año…. ¿Y qué?