He pensado seriamente, y lo he hecho en múltiples ocasiones, el dejar de dirigirme a todos ustedes en estos "artículos", cada vez más desordenados, anárquicos y carentes de rigor técnico. Después de todo, qué se puede esperar de las palabras de un dermatólogo que a duras penas sabe interpretar una beta. Tampoco se puede esperar demasiado de alguien que, como yo, prefiere leer libros  -como el de Paulos: Un matemático invierte en la Bolsa-, que no contienen gráfico alguno.  Admito que cada vez que leo uno de los escasos, añorados y fantásticos artículos de @Ruben1985 se me quitan las ganas de seguir pensando, ante ustedes, en voz alta.  Pero lo cierto es que sigo aprendiendo de todos los comentarios de la mayoría de usuarios de unience  y eso me anima a seguir diciendo tonterías.   Esta semana ha sido muy especial porque en apenas seis días he podido estar con @cfindipendente en la 5ª reunión del Club Value Investing y el pasado viernes en uno de nuestros tradicionales encuentros.  Como al finalizar el año es hora de hacer balance del resultado de nuestras inversiones, le confesé a Marco que este año mi cartera estaba plana, que no había obtenido revalorización alguna.  No me importa demasiado porque hoy soy mejor inversor que en diciembre del año pasado pero, que caray, a nadie le amarga un dulce y, después de todo, uno no vive sólo del aire, por muy cargado que esté ese aire de buenas intenciones y conocimientos.

No me extrañó oír -en palabras del propio Marco- que él tuviera una revalorización superior al 15 por ciento en lo que va de año (aunque confieso que ante ese hecho estuve a punto de decirle que pagara él la comida), sí me sorprendió que esas plusvalías las hubiera conseguido con una exposición real en renta variable de apenas un 50 por ciento. No le pregunté cuál era la beta de su cartera porque la volatilidad no es una medida del riesgo (por lo menos no lo es para mí), para mí el riesgo es no conseguir los objetivos propuestos  y no preservar el capital, que es lo mismo que no conservar el valor y el potencial de los activos de nuestra cartera. Nunca me he cegado por unos números, después de todo alguien apalancado puede obtener en un mercado alcista fuertes plusvalías y no tener asegurado el principal de su capital contra una caída fuerte de los mercados.

¿Cómo se pueden obtener resultados extraordinarios asumiendo un menor riesgo (conservando esa enorme liquidez del 50 por ciento)  e invirtiendo en compañías muy volátiles y caídas, muchas de ellas, en el olvido del señor mercado?  El día que tenga la contestación definitiva a esa pregunta podré dejar de importunarles con éstas reflexiones en voz alta y, ese día, quién se dirige atrevidamente a todos ustedes tendrá unas plusvalías dignas de ser aireadas a los cuatro vientos; hasta entonces, a seguir aprendiendo Luis.

Por último, y en mi descargo, para aquellos que piensen (con toda la razón del mundo)  que mis líneas están siempre huérfanas de cifras y de datos, permítanme recordarles una idea de Jesse Sherra:   "Datos, datos por doquier, pero ni un sólo pensamiento sobre el que reflexionar".