Buffett ha dicho en repetidas ocasiones que para alguien con un martillo en la mano todos son clavos .  Ciertamente que un gestor de fondos, mediante su selección de activos -con más o menos enamoramiento- tiende a pensar que su portfolio es una cartera ganadora en cualquier circunstancia. También la inversión pasiva tiende a ser optimista, y con razón, ya que históricamente la renta variable  -a pesar de varias guerras- siempre se ha movido hacia arriba en el largo plazo; pero conviene recordar otra de las citas de Buffett que no tienen desperdicio:   "No le preguntemos nunca a nuestro peluquero si necesitamos un corte de pelo".

El éxito parece que requiere de cierta dosis de optimismo, sin optimismo los científicos no emprenderían proyectos de años de esfuerzo y es posible que aún estuviéramos en la era preindustrial.  ¿Debemos pues creernos el optimismo que irradian algunos profesionales? Pues no lo sé, pero siempre he sospechado de los abogados que me aseguran que ganarán el juicio.

Charlie Munger lleva años siendo consciente y recalcando lo importantísimos que son los incentivos y cómo determinan el comportamiento humano, por tanto no debemos subestimarlos, bajo ningún concepto, si no queremos llevarnos desagradables sorpresas. Un incentivo es algo que mueve o excita a desear o hacer algo, o un estímulo que se ofrece a una persona, grupo o sector de la economía con el fin de elevar la producción y mejorar los rendimientos.  Y lo preocupante es que los seres humanos responden eficazmente -modificando su comportamiento- ante los perversos incentivos.

Y , después de todo, ¿por qué no creernos lo que dicen los expertos? Munger también es consciente del daño que puede causar la sobreinfluencia de una autoridad.  Y si la mayoría, gregariamente, sigue los preceptos del experto, mediante otro sesgo, el sesgo de la demostración social o "social proof" es muy difícil mantenerse al margen de esas opiniones, porque no olviden que está mejor visto equivocarse gregariamente que acertar, de forma individual, contradiciendo la opinión de la mayoría.

Sean críticos, cuestiónense cualquier opinión -también las opiniones aparentemente independientes-, lean a quienes no escriben o no publicitan airadamente sus escritos y, sobre todo, saquen sus propias conclusiones.