He estado repasando los artículos que he compartido con todos vosotros a lo largo de estos dos años y sinceramente creo que el concepto que voy a tratar de trasladar, en este último, es de lo poco que me queda por escribir.

Tener claro cuál es nuestro objetivo de inversión es clave, pero eso, necesariamente, pasa por ser consciente de cuál es nuestro horizonte de inversión. El mío, lo he dicho muchas veces, coincide con el de Buffett, es casi infinito y eso me da una gran ventaja fon respecto a los que se plantean horizontes algo más cortos.

Para prolongar el horizonte de inversión más alla de nuestra muerte se requieren dos premisas:

1.- No necesitar ese dinero invertido. por lo menos mientras vivamos:)

2.- Instruir y conseguir que los herederos de nuestras inversiones sigan el mismo camino y filosofía que la nuestra, lo cual es doblemente difícil, porque lo que nos llueve del cielo no suele ser valorado en su justa medida.

A efectos practicos, mi experiencia con mis familiares algo mayores que yo, es que aunque no prevean gastar su capital (cosa que sería discutible teniendo en cuenta cómo van a quedar las pensiones en el futuro) no se atreven a entrar en bolsa a pesar de los aparentemente buenos precios actuales porque el largo plazo no coincide con su aparente horizonte vital, yo les animaría a todos aquellos que se sienten demasiado viejos a que se planteen que sus inversiones pueden seguir dando buenas rentabilidades más allá de su muerte.