Luis Allué Bellosta

(Luis1)

Dermatólogo de Barcelona

ESPAÑA.

!HOY PUEDE SER UN GRAN DÍA!


Escrito 1 Nov 12

CARTA A MI HIJA:

            -Hemos sustituido, erróneamente, la voluntad por la motivación como motor para hacer las cosas. Hay tareas que es necesario realizar aunque no estemos motivados para ello, aunque nos desagraden o requieran un sobreesfuerzo y haya que ejecutarlas sin esperar recompensa alguna. ¿Acaso aprender tiene que ser divertido? Si usamos el premio para conseguir que nuestros hijos hagan algo que es necesario o el castigo para que dejen de hacerlo, estaremos corrompiendo su voluntad y no fomentaremos su esfuerzo para asumir de forma voluntaria y responsable los compromisos necesarios para desarrollar su personalidad y su espíritu crítico. Zig Ziglar dijo que “si uno hace las cosas que debe hacer cuando debe hacerlas, algún día podrá hacer las cosas que quiere hacer cuando quiera hacerlas”.

       -Me dirás que aprender de los errores ajenos, copiar a los sabios, ¿no implica, acaso, renunciar a las enseñanzas de nuestras propias vivencias y errores? ¿No estamos sacrificando, con ello, nuestros propios descubrimientos?

        -En parte sí, pero tendrás sobradas ocasiones, a lo largo de tu vida, de equivocarte. No llegues a tu ancianidad arrepintiéndote de los errores que otros cometieron ya por ti. Aprender de los gigantes es de sabios, para ello deberás ampliar tu biblioteca, esa será tu mejor inversión. Pero para asimilar nuevas ideas enriquecedoras y liberadoras es imprescindible arrinconar y expulsar las viejas creencias limitantes, eso lo resumió, en una palabra clave, la filóloga Amparo Bernal: “Desaprender”.

          -Intenta hacer tu trabajo todo lo mejor que te sea posible, optimizándolo al máximo y, con ello, crecerás como persona. Es más fácil mejorarse a uno mismo que intentar cambiar a los demás. Si nuestra vida gira entorno al condicionamiento y las circunstancias, se debe a que, por decisión consciente o por omisión, elegimos otorgar a esos factores el poder de controlarnos. Los individuos reactivos se ven alienados  por las emociones y por la coyuntura. En cambio, los hombres   proactivos se impulsan movidos por valores cuidadosamente meditados, seleccionados e internalizados. También las personas proactivas se ven influidas por los estímulos externos -sean físicos, sociales o psicológicos- pero su respuesta a esos estímulos -consciente o inconscientemente- es una elección basada en valores personales fundamentales e inmutables. Los gigantes se comportan como maestros de la proactividad, centrando los esfuerzos en su círculo de competencia e influencia, no en el de las preocupaciones estériles. El círculo de preocupación está colmado de “ tener”: me sentiré mejor cuando tenga una casa, sea rico, consiga un empleo mejor, mis hijos sean más obedientes, etc. El círculo de influencia rebosa virtudes de “ser”: puedo ser más empático, ingenioso, diligente, creativo, comprensivo, etc. Si centramos nuestras energías en resolver aquello que está en nuestro ámbito de competencia -en nuestro locus de control interno- y evitamos perder fuerzas y tiempo en intentar solucionar lo irresoluble, seremos mucho más eficaces. La clave está en modificar nuestro carácter ya que el problema no está fuera sino dentro de nosotros mismos. Si queremos cambiar la manera de actuar de los otros -para mejorarlos- no intentemos transformarlos desde fuera, y empecemos por enriquecer nuestra manera de pensar y obrar, trabajando, desde dentro, sobre nuestros propios defectos. Si pensamos que el problema está allí fuera, reflexionemos, ese pensamiento es el problema. Siempre que juzguemos que las barreras están en los otros y en las circunstancias que nos rodean, conferimos a lo externo el poder de controlarnos. El enfoque proactivo consiste en cambiar de adentro hacia fuera: ser mejores y de esa manera provocar un cambio positivo en nuestro entorno.

      -¡Ser! ¡Tener! ¡Reactivos! ¡Proactivos! ¡Círculos de preocupación y de influencia!.., sé que te estoy agobiando y pensarás que ser feliz no es tan sencillo. Quizá lo más parecido a ser feliz sea estar alegre.

       -Pero ten en cuenta que la perfección no existe y que su búsqueda obsesiva sólo conduce a la infelicidad. La perfección implica inmovilidad, si tienes planes de extrema excelencia  para ti misma nunca tratarás de hacer nada porque la perfección no es un concepto que pueda aplicarse a los seres humanos. La obsesión del perfeccionista por los “peros” hace que no sea capaz de disfrutar de sus logros y de su esfuerzo; siempre ve la botella medio vacía o vacía del todo, nada es suficiente para él y se derrumba al más mínimo tropiezo, al más insignificante de los reveses de la vida. El perfeccionista compulsivo es un buscador empedernido de defectos y los encontrará hasta en el paraíso; tiene una mentalidad del todo o nada, y como nunca obtiene ni encuentra ese ansiado todo, eso le lleva a una autocrítica destructiva que mina su autoestima. Las metas del perfeccionista son, por definición, inalcanzables, por lo que no puede disfrutar de sus éxitos parciales, todo le parece insuficiente y con independencia de los objetivos que consiga, nunca se verá a sí mismo como un triunfador. El minucioso empedernido e inflexible se decepciona ante cada fracaso, hasta el punto de  paralizar nuevas iniciativas. Su meta ha sido trazada al final de una línea recta que no admite altibajos ni desvíos. Con esa rigidez, con esa falta de adaptabilidad a las circunstancias cambiantes, con esa incapacidad para disfrutar del camino, con esa obsesión exclusiva por el destino final, la infelicidad está garantizada.  Concluye que si su trabajo no va a quedar perfecto no vale la pena ni intentarlo y de esa manera se bloquea en la más amarga de las inactividades.

       -Ya lo decía Don Miguel de Cervantes, en boca de Don Quijote de la Mancha, tenemos que aspirar a ser mejores, que no perfectos.

 

“Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los  obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones;   Nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos;  la cosa más fácil, equivocarnos;   la más destructiva, la mentira y el egoísmo;    la peor derrota, el desaliento;   los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor;    las sensaciones más gratas, la buena conciencia,    el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo,   la disposición para hacer el bien  y combatir la injusticia donde quiera que esté”.

LUIS ALLUÉ BELLOSTA

 


Comentarios

#4
1 Nov 12

Gracias de nuevo Luis por compartir estos temas con nosotros. Un saludo 


#5
1 Nov 12

@echoes hay estadísticas que demuestran que los ricos viven más que
las clases medias y bajas.


Por ejemplo: Las ciudadanas de Hong Kong que es href="http://www.libertad.org/wp-content/uploads/2012/01/Indice-2012-de-Libertad-Economica.pdf">el
país más rico y libre económicamente del mundo , tienen la href="http://blog.gruporetiro.com/las-japonesas-dejan-de-ser-las-mujeres-ms-longevas-del-mundo/">esperanza
de vida al nacer más alta del mundo con 86,7 años.


 


#6

Luis1 Dermatólogo de Barcelona

1 Nov 12

@Echoes:


No te olvides de Walter Schloss, inmenso value investor, que falleció
este año a los 95 años.


Estoy convencido que la mentalidad value puede prolongar la vida
aunque eso es muy difícil de demostrar. De entrada parece lógico,
tiene un cierto sentido, lo dijo Nietzsche en una frase increíble que
leí en un imperdible libro: El hombre en busca de sentido, de Viktor
Frankl: 
"EL QUE TIENE UN PORQUÉ PARA VIVIR PUEDE SOPORTAR CASI
CUALQUIER CÓMO".


Tengo que vivir muchos años para comprobar si realmente el interés
compuesto funciona o es una patraña más.


@Esteban:


Intenté entrar en la página con tu link pero no la encuentro. Siempre
he creído que las palabras que se comparten no tienen dueño, así que
házme un favor, adápatalas como mejor puedas para que se pueda
entender mejor el mensaje y las cuelgas con tu firma.


@parras:


Es una suerte tenerte entre mis lectores, en esta vida acelerada que
llevamos a muchos les habrá parecido demasiado larga y pretenciosa la
carta y es cierto pero los sueños deben ser lo suficientemente grandes
como para no perderlos nunca de vista.


@Secuoya23:


Sabes que la clave es la repetición, ambos (tú más) somos muy
pesados, siempre lo mismo puede cansar, es cierto hay que admitirlo
pero yo me releo todos tus artículos aunque me los sepa de memoria, a
ver si se me pega algo bueno.


#7
1 Nov 12

Luis, repito que tienes el don de decir mucho con pocas palabras.
Viktor E. Frankl, también uno de mis preferidos, escribe que "la
conciencia es la verdadera intérprete de la vida", por eso es
importante tener inculcados unos buenos valores. Seguro que tus hijos
ya los tienen.


 


@secuoya23:


Gracias por los datos, desconocía que las japonesas había perdido el
ranking, al igual que desconocía también que en Hong Kong fuera un
país tan rico. Seguro que es gracias a la "independencia"
administrativa y judicial con respecto a su antigua pertenencia a
China. (Pasaría lo mismo con Cataluña??). Creo que, entre ser rico y
libre, puede tener más peso lo segundo. Viniendo al caso, también
Viktor E. Frankl reseña que "la dignidad del hombre se basa en su
libertad", ya que una cosa es consecuencia de la otra, por lo que
cualquier hombre/país más libre.... seguro que es más rico; Eso nos lo
has enseñado muy bien con tus artículos sobre Chile.


 


#8
2 Nov 12

Muchas gracias Luis. Se la voy a pasar a mis hijos.


#9

comparativadebancos Analista de mercados, escritor de artículos de economía y bolsa para pequeños y medianos inversores.

2 Nov 12

Felicidades Luis,


Como siempre, sabes conjugar perfectamente y con excelente lucidez la
edad física y la mental, la experiencia, el conocimiento, el sentido
de la vida y los grandes valores que deberian distinguir a los seres humanos.


El intentar pasar esos loables conocimientos a la siguiente
generación es una " obligación que todos
tenemos
" y más aún, en el incierto mundo que nos ha
tocado vivir y donde nuestros hijos tendrán que seguir desarrollándose
en el terreno humano, moral, profesional, afectivo y social.


Me repito en mi enhorabuena por el artículo.


#10
2 Nov 12



¡Qué beneficioso sería para nuestra sociedad, que esta carta
fuera leída y asimilada por quienes la dirigen y
por aquellos que les critican!




Me atrevo a pensar que a Dn. Miguel de Cervantes, se le ha
leído poco y se le ha entendido menos aún.




Y no digamos a Jesús que nos lo resumía en 10 puntos (mandamientos).




De todas maneras @Luis, mis felicitaciones por escribirla y
sobre todo por publicarnosla. Aunque seamos pocos los usuarios de
Unience pero, es un paso en el camino. 


 


#11

arturop https://foro.masdividendos.com/

2 Nov 12

@Luis1, otra clase magistral, nos va a acabar acallando a todos :-).
Lo "peor" de leer su carta es que cuando iba por el último
párrafo me reconocía en el perfeccionista o minucioso,
"sólo" que ni soy perfeccionista ni minucioso, con lo que
tengo lo peor de ambos mundos. Y como la cabra tira mucho al monte, y
confirmando mi propia autoprofecía, creo que va a ser muy difícil
salirme de ahí... En fin.


#12

Luis1 Dermatólogo de Barcelona

2 Nov 12

@Bodden  y @comparativadebancos:


Tenemos efectivamente que intentar transmitir a las nuevas
generaciones aquellos valores que consideramos útiles y justos, de ahí
que la inciativa de @Esteban sea una generosa y apasionante aventura.
Si somos sinceros intentando transmitir esos valores tendremos éxito
en nuestro intento, si por el contrario sólo lanzamos al aire tópicos
y bellas palabras y no damos ejemplo siendo consecuentes con ellas,
nuestros jóvenes, que no son tontos, se darán cuenta del engaño y no
lograremos transmitir el mensaje.


Siempre tendemos a pensar, a mi entender erróneamente, que nuestra
generación es mejor que la siguiente y así sucesivamente.


Cuando criticamos aireadamente a nuestros hijos deberíamos pararnos a
pensar que hay una probalilidad (afortunadamente bajísima) de que esas
sean las últimas palabras que oigan de nuestros labios. Parémonos a
pensar en ello.


 


 


#13

Luis1 Dermatólogo de Barcelona

2 Nov 12

 Gracias @årturop:


       Es habitual usar las etiquetas limitantes para definir y
encasillar a las personas.  Sören Kierkegaard lo sintetizó
magistralmente en cinco palabras: “Si me clasificas, me
niegas”.
¿Qué quiso decir con ello? Cuando alguien nos califica
peyorativamente diciendo: eres vago, eres torpe, eres desordenado,
eres aburrido…, nos está impidiendo mejorar porque automáticamente nos
refugiamos en nuestros cuatro “Yo soy” autodestructivos, y
que tan magníficamente describió Wayne Dyer en su libro “Tus
zonas erróneas”
:



“Así soy yo”   “Yo siempre he sido así”.    "No puedo
evitarlo”.    “Es mi carácter”.


       Esos “Yo soy” autoparalizantes nos están etiquetando
restrictivamente y nos coartan inconscientemente diciéndonos:
“Pienso seguir siendo lo que he sido siempre”.
Invariablemente nos han machacado recordándonos esos “Yo soy”; así lo
han hecho en la escuela, en la familia, en el trabajo…, y para rematar
la faena hemos adoptado, nosotros mismos, otros “Yo soy”, como excusas
para no luchar por mejorarnos, amparándonos en una autocomplacencia y
conformismo que nos impide progresar como personas. No olvidemos que
todo aquello que no crece está muerto. Es mucho más fácil acomodarse
con esos “Yo soy” que realizar el esfuerzo de corregir esos defectos
autoinculpatorios. Si después de todo la gente piensa que soy así,
¿por qué llevarles la contraria? Y con esos juicios estamos,
indirectamente, otorgando a los demás el poder de controlarnos y
decidir cómo debemos ser.