No olvide que la inflación es un “impuesto” silencioso y, sin duda, su peor enemigo.  A finales de 1922, en Alemania, una barra de pan costaba 600 marcos. ¿Le parece mucho? En noviembre de 1923 se necesitaban 200.000 millones de marcos para comprarla. El año 2008, en Zimbabwe, se imprimió un billete de cien billones de dólares (cien trillones anglosajones), con ese billete no se podía pagar el coste de subir al autobús. Era más económico limpiarse el “trasero” con billetes que usar papel higiénico. Los precios llegaron a multiplicarse por un billón en un mes. Pero todo es superable, ¡sujétese el cinturón! Nos vamos a Hungría, año 1946, ese país tiene el dudoso honor de haber puesto en circulación el billete con el valor nominal más alto de la historia: cien trillones de pengos. ¿Se ha perdido? No se preocupe, se lo voy a escribir: 100.000.000.000.000.000.000. El valor real de ese billete, al cambio, era de una milmillonésima parte de un céntimo de dólar.  Los precios se doblaban cada 16 horas y en julio de 1946 la inflación anual alcanzó los 42 mil billones por ciento. Poco antes de abandonar la moneda y cambiarla por el florín (respaldado por patrón oro) se llegó a imprimir un billete de mil trillones de pengos que no llegó a circular. Todo el dinero circulante en Hungría llegó a valer, exactamente, al cambio, la décima parte de un centavo de dólar.