Luis Allué Bellosta

(Luis1)

Dermatólogo de Barcelona

ESPAÑA.

¡JUGANDO A NO PERDER!


Escrito 12 Dec 15

Les recomiendo un fantástico libro de Charles Ellis:  Ganar jugando a no perder. El título engancha y me encantó leerlo a principios de 2012. Si esa idea de jugar a no perder la enlazan con las dos reglas de Buffett -reglas que finalmente creo que he logrado aprenderme de memoria, por lo menos la primera, ya que la segunda la acabo de olvidar-, no hará falta que les insista que la clave está en no perder dinero.  Es evidente que los tenistas del top ten necesitan salir a ganar el partido de tenis y todo el mundo entiende que si se dedican a devolver las bolas, es decir, a no fallar, van a perder el partido porque el contrario los sacará de la pista; pero si es usted un mero aficionado, pruebe a ir devolviendo todas las pelotas y espere a que su contrincante arriesgue y falle: Ganará usted el partido. Ésa es la idea de Ellis y comulgo con ella.

Pero, ¿en qué consiste eso de jugar a no perder? ¿Cómo podríamos definir el concepto de pérdida? Demasiado largo para entrar en detalles, simplemente les comentaré una anécdota que me contó mi amigo Ramón Justel. Al parecer, un inversor -no tengo claro si por perseguir inversiones de moda, no quiero enemistarme con mis amigos seguidores de tendencias- solía tener minusvalías persistentes en el tiempo, hasta que le aconsejaron cómo debía gestionar su capital para no perder dinero y para ello le propusieron un juego. Recibiría prestado un capital importante con el mandato de tratar de perderlo lo más rápidamente posible. Como condiciones, debería invertir en mercados bursátiles de renta variable con ciertas garantías jurídicas y debía diversificar razonablemente y sin apalancamiento las inversiones en varios sectores y compañías. Tampoco podía realizar un sin fin de operaciones (para evitar los gastos excesivos de intermediación), pongamos como máximo unas veinte al año.  ¿Y los cortos? Buena pregunta, supongamos que también están prohibidos (ya sé que no es muy democrático pero el capital es mio). Pasados diez años, recibiría como compensación a sus desvelos el doble del dinero perdido, pero únicamente del perdido, si ganaba debería devolver el grueso del capital inicial más las plusvalías.  Nuestro inversor no arriesgaba nada, así que ni corto ni perezoso se puso a invertir. Como tenía en la estantería el libro de Ellis, el de ganar jugando a no perder, pensó que él debía hacer justo lo contrario, jugar a dilapidar el tesoro lo más rápidamente posible. Así que invirtió en aquellas 20 compañías -de diversos sectores, del S&P 500, que peor lo habían hecho a 52 semanas-, y lo hizo con la esperanza de que al año siguiente hubieran caído mucho más. Lo que no sabía nuestro amigo es que esa estrategia de buscar lo feo por lo feo, puede dar beneficios. Año tras año vendía aquellas compañías que habían subido y compraba y recompraba más las que se habían desplomado (en estos momentos tendría un par de petroleras). No hace falta que les diga que la historia acaba mal para nuestro inversor. Durante diez años trató de perder dinero sin conseguirlo. Es un cuento, puede ser, la historia no es real, pero si no quiere perder dinero a largo plazo, ¿no cree que invertir tratando de perderlo puede ser una opción ganadora? ¿Y si después de todo el bueno de Charles Ellis estuviera equivocado?

Disclaimer: No me hagan mucho caso. Las reflexiones de estas líneas son contradictorias y pueden inducir al caos mental e inversor.

 


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