Los Value investors van al cielo

Los value investors pertenecen a una secta (es decir siguen una ideología concreta, el término se suele emplear despectivamente de forma equivocada).

El tener arraigadas unas ideas puede ser, o no, bueno en función de la validez de dichas ideas. Ciertamente que seguir esa filosofía inversora racional conduce al éxito y permite no perder tiempo analizando otros sistemas inversores digamos que menos eficaces.

Es muy difícil que se descubra un sistema inversor que contradiciendo los principios del value investing me haga mejor inversor y esa creencia podría parecer una creencia limitante y restrictiva hacia un progreso intelectual natural, como el que ocurre en el ámbito científico. Invertir es un arte, no una ciencia y eso me tranquiliza.

El value investing no sólo me llevará a la libertad financiera en el futuro sino que me ha ayudado a ser mejor persona.  Para que esa filosofía inversora sea realmente útil se necesitan una serie de virtudes, como puedan ser la paciencia, la humildad, la disciplina, la excelencia, la templanza, la flexibilidad, la diligencia, la responsabilidad…. y, además, los value investors suelen acabar donando una gran parte de sus fortunas a entidades benéficas, es decir que son generosos.

No, por supuesto que los value investors no lo saben todo, recuerde que una de sus principales virtudes es la humildad, condición necesaria para seguir aprendiendo. Eso sí, de ideas arraigadas y con las llaves del cielo en el bolsillo.