Luis Allué Bellosta

(Luis1)

Dermatólogo de Barcelona

ESPAÑA.

!MARCO ENSEÑA VALUE A ALICIA! (II)


Escrito 17 Aug

DISCULPEN EL DISTINTO TAMAÑO DE LETRA

¿Conoces la historia de la venta de la isla de Manhattan por  el equivalente de 24 dólares en mercancías?

-¡Vaya engaño! ¡Pobres indios! –exclamó Alicia, indignada.

-Sí, tienes razón, pero sólo en parte, los tontos no fueron los nativos. Fue comprada por los colonos holandeses en 1626 a los indios lenapes, que eran nómadas y no tenían definido el concepto de la propiedad. Vamos, que la isla no tenía dueño, así que los indígenas tomaron los regalos y montaron sus campamento en otro lugar desocupado. Pues bien, si los indios hubieran invertido el equivalente en monedas, es decir, los 24 dólares a un 8% anual, en el año 1995 habrían acumulado –bueno, sus descendientes- 28 billones de dólares y a los precios de ese año hubieran podido comprar toda la isla, incluyendo sus edificios, y les sobraría dinero para adquirir buena parte de Los Ángeles.

-¡Vaya con los Indios!

-Reescribamos la Historia, te sorprendería saber que el salvaje Oeste no fue tan salvaje. Nuestros políticos nos han convencido de que únicamente Papá Estado es capaz de velar por el orden y el bienestar de sus ciudadanos como si un estado liberal (pongo estado en minúsculas a propósito) no pudiera generar bienestar. ¿Qué te han explicado en el colegio al respecto? No me contestes, ¿a que adivino quiénes te han dicho que fueron los responsables de la caída del imperio romano?.... ¡!!Los Bárbaros!!!... Pues sí fueron los bárbaros, pero no las tribus invasoras sino los bárbaros gobernantes romanos que con sus políticas intervencionistas, del todo gratis, de las subvenciones para comprar votos, de la manipulación y regulación del libre comercio y de la fijación de precios, sumieron a la población en una pobreza tal que, para el pueblo romano, la llegada de las tribus “bárbaras” fue una auténtica liberación.

Reescribir la historia con lo que le costó a nuestra protagonista sacar un sobresaliente en esa asignatura. Alicia empezó a notar una sudoración fría que recorrió todo su cuerpo. Deberé desaprender lo aprendido para aprender de nuevo…. ¡Uffff…! –sopló  angustiada.

-Es clave diferir el pago de los impuestos por las plusvalías acumuladas. En una inversión anual de 2.500 euros a lo largo de 25 años y con una rentabilidad media anual del 15 %, la diferencia entre pagar un 25 % sobre las plusvalías anualmente y el hacerlo al final de los 25 años por la totalidad acumulada de los beneficios supera los 125.000 euros.

Una fuerte y tenaz ráfaga de viento gélido se encaprichó obstinadamente de la larga cabellera de Alicia.  

-Como decía Marc Faber: "Piense que, en general, es muy difícil batir al interés compuesto. Si usted hubiera invertido dinero en el momento del nacimiento de Cristo a un 5 por ciento anual, tendría un capital líquido mayor que el valor actual del mundo entero".

-En ese enunciado faltan datos, todo dependerá de la cantidad invertida –protestó Alicia.

-Lo importante no es tanto el capital inicial sino el tiempo. El dinero invertido es la pequeña bola que inicia el descenso por la ladera de la montaña y la longitud de la pendiente representa el tiempo. El efecto bola de nieve (snowball) del interés compuesto es increíble, Margrit Kennedy certificó en su libro (Dinero sin inflación ni tasas de interés) que si hubieras invertido tan sólo un centavo el día del nacimiento de Jesús a un 4 % anual, en 1750 tendrías una gran bola de oro cuyo peso equivaldría al de todo el planeta Tierra.

-Bueno eso también dependería del precio del oro –puntualizó Alicia, que estaba especialmente combativa.

-No peleemos por nimiedades. En 1990 acumularías 8.190 esferas.

-Tampoco se trata de colapsar la tierra –protestó Alicia.

-Supongamos que por fin has conseguido ahorrar un millón de dólares y piensas vivir de rentas. Dado que la Bolsa te ofrecerá una rentabilidad media anual de un 9-10 %, decides que cada año gastarás un 7 % de tu capital, es decir unos setenta mil dólares y que tras pagar tus impuestos sobre las plusvalías, con lo que te queda, podrás vivir holgadamente. ¿Te parece bien esa estrategia?

- Sí, sí, naturalmente -aceptó Alicia, quien no se imaginaba tanto dinero junto.

-Si sufres quince años malos de bolsa en los que los mercados permanezcan planos o incluso bajen -considera que eso no es tan improbable-  habrás agotado todo tu capital  y, por lo tanto, no podrás recuperarlo en las siguientes subidas. Es más sensato que saques sólo un 7 % anual y, mejor aún, un 5 % del capital restante, no del capital inicial, así siempre te quedará dinero suficiente para estar invertida cuando se recuperen las cotizaciones. Además, con esa estrategia, si disfrutas de años de fuertes subidas hasta podrás disponer de más dinero, si así lo deseas, del que inicialmente preveías.

-Dime Marco, ¿se necesita mucha inteligencia para invertir con éxito?

- Cuando Henri Frédéric Amiel sentenció que “la inteligencia es útil para todo, suficiente para nada”, no pensaba en las finanzas.  Buffett afirmó que “el éxito en las inversiones no se corresponde con el coeficiente intelectual (CI) una vez se está por encima de cien. Si tienes una inteligencia corriente, lo que necesitas es carácter para controlar los impulsos que hacen que otras personas tengan problemas a la hora de invertir”. Así que todo el CI que poseas por encima de 100-120 lo puedes vender y con el dinero que obtengas compra algo de imaginación. No pienses que es broma, los supergenios suelen tratar de vencer al Sr. Mercado complicando las cosas, su cerebro es demasiado complejo para invertir de forma sencilla. Graham articuló la siguiente idea al respecto: “No hace falta ser un genio para ser un analista de valores de éxito; lo que se necesita es, en primer lugar, una inteligencia razonable; en segundo lugar, sólidos principios de actuación y, en tercer lugar, lo más importante, firmeza de carácter”. Doris Lessing también quiso opinar sobre el tema: “El talento es algo bastante corriente. No escasea la inteligencia, sino la constancia”.

Nuestra parejita value había iniciado el descenso hacia el valle, el castillo se divisaba más cercano.

-El éxito de tus inversiones y proyectos dependerá, en buena medida, de tu imaginación. Los psicólogos advierten que a los ocho años ya hemos perdido el 90 % de nuestra fantasía y buena parte de ello es como consecuencia de los rígidos programas educativos. Es un error lanzar una red sobre los ojos de los que tiene alas. Nadie lo ha enunciado mejor y con menos palabras que Carl Jung: “Todos nacemos originales y morimos copias”. Einstein mencionó que “en los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”. Arthur Schopenhauer formuló “ que todo individuo considera que los límites de su propia visión son los límites del mundo”. Esfuérzate por ser imaginativa y creativa al máximo. Debes ser capaz de imaginarte todas las alternativas y comprender las consecuencias de las opciones más improbables y extremas.

Hacía frío, frío de montaña, un frío revitalizador, Alicia olvidó su cansancio por unos instantes.

-Si analizas la variabilidad de la cotización de las empresas en el último año comprobarás que la mayoría de ellas se mueven -al alza y a la baja-  en una amplia horquilla cuyo gráfico simula la cordillera del Himalaya. La oscilación media de las acciones, a lo largo de un año, es de un 50 %. No tiene sentido que ese rango de precios fluctúe de forma maniaco-depresiva y que lo haga en un solo año y se repita siempre lo mismo, año tras año. Es evidente que las cotizaciones son inestables y varían mucho más que el auténtico valor de la compañía. ¿Qué razones ocultas explican esa extrema volatilidad?

-Seguro que la ceguera del Señor Mercado tiene bastante culpa –atestiguó Alicia.

-Por supuesto, y el miedo y la codicia buena parte de la culpa restante. El miedo a perder conlleva que cuando cunde el pánico se precipiten las ventas y la codicia consigue que, en los mercados eufóricos, la burbuja se hinche hasta límites de locura. Cuando todo se ve negro se necesita una mentalidad abierta para pensar que las cosas son cíclicas y que van a mejorar y, por el contrario, como afirma Buffett: “Unos precios en alza son un narcótico que afecta a la capacidad de razonamiento en todos los sentidos”.

-¿No es bueno consultar permanentemente las cotizaciones, verdad, Marco?

-Buffett mira de reojo la cotización de Berkshire una vez a la semana, en realidad él mismo reconoce que podría hacerlo cada cincuenta años pues nunca ha vendido una sola acción. Como afirma Phil Fisher: “El mejor momento para vender una buena acción es casi nunca”. Los inversores suelen consultar a diario los valores liquidativos de sus inversiones, eso en sí mismo no es malo -siempre que no tomemos demasiadas decisiones- ya que una brusca e injustificada subida o bajada puede representar una oportunidad de venta o  de compra, respectivamente.

Marco enfatizo el “respectivamente”.

-Entiendo que siempre comprando en la caída extrema y vendiendo tras la gran subida - puntualizó Alicia. ¿O no es así?

-En general así debería ser. Al buen inversor sólo le preocupa el precio el día de la compra y el de la venta, en el ínterin lo único que debe verificar es el valor intrínseco de su inversión. El mercado está allí, dándonos los precios diariamente para tentarnos pero somos nosotros los que debemos decidir si la tasación ofertada, es o no, aceptable y conveniente para nuestros intereses. Mr. Market cotiza para servirnos, no para mandarnos, no seamos sus rehenes sino sus dueños.  Es una enorme ventaja que el señor Mercado nos dé diariamente un valor -tanto de compra como de venta- a nuestras acciones; eso no pasa en ningún otro ámbito de la vida real con nuestros activos no cotizados. Es extraordinario y quien entiende esa ventaja ya tiene mucho ganado.

Marco sacó un pequeño muelle del bolsillo.

-Imagínate  tu empresa como un muelle en posición de reposo, su longitud representa  el valor real, es decir, su valor intrínseco. Por la ineficiencia y la volatilidad del Señor Mercado ese muelle se comprimirá en momentos de pesimismo, cotizando a unos precios inferiores a su valor intrínseco y, por el contrario, en los períodos de euforia la cotización subirá por encima de su valor real estirando la espiral del resorte hacia arriba; pero ten presente que con el paso del tiempo el muelle retornará a su posición de reposo, es decir que precio y valor coincidirán. Una vez estimado el valor intrínseco necesitamos la suficiente paciencia para esperar a que el  precio y el valor confluyan, no pretendamos que el mercado nos de la razón al poco tiempo, a veces habremos de esperar años. 

-Es evidente, hay que comprar con el alambre comprimido al máximo.

-Cuando el muelle está muy estirado y la mayoría saca pecho en el lado comprador, esos  inversores ya se convierten en potenciales vendedores a los que cualquier bajada de previsiones, descenso de valor o salida de grandes capitales o inversores institucionales, puede provocar el denominado "efecto contagio”. No prestemos demasiada atención a las malas noticias salvo para aprovecharnos de ellas. “No tendrás nunca precios bajos junto con buenas noticias”. Tus decisiones deben tomarse únicamente en función del precio que pagas y del valor que recibes, así que ya sabes: “Compra tus acciones como si fueras al supermercado, no como si fueras a la perfumería” y, sobre todo, sé humilde revisando periódicamente el valor intrínseco de tus activos y reevalúa si tu proceso inversor es racional. Ten siempre presentes las palabras de Joel Greenblatt: "Elegir acciones concretas sin tener ni idea de lo que hacemos es como correr por una fábrica de dinamita con un fósforo encendido en la mano. Es posible que salga con vida, pero seguirá siendo un idiota".

Ambos  descargaron una sonora carcajada.


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