La mente humana está diseñada para disfrutar de pequeñas y frecuentes gratificaciones. Es más feliz el que gana una cierta cantidad cada año durante cinco años que el que obtiene el doble, pero cobrando todo de una vez  al final de los cinco años, sin haber ingresado nada en los años anteriores; este hecho hace que, instintivamente, la mayoría de los inversores tiendan a lo “seguro” y rechacen el riesgo de perder dinero en la bolsa. No pueden asumir que para obtener pingües beneficios al cabo de unos años, por el camino pueden no tener plusvalías o incluso perder momentáneamente. Paradójicamente es el miedo a las pérdidas lo que a la larga nos hace perder. Ese mismo pavor hace que se nos escapen las mejores oportunidades de inversión. Es el propio miedo a la pérdida lo que hace que ésta se produzca, aunque sea en forma de menores rentabilidades. El genial inversor Walter Schloss afirmaba que “la timidez generada por fracasos del pasado provoca que la mayoría de los inversores se pierdan los mercados alcistas más importantes”. 

Lo “seguro” es sinónimo, en muchas ocasiones, de empobrecimiento progresivo.

Luis Allué.