"El momento de reflexionar sobre tus métodos de inversión  es cuando tienes más éxito, no cuando cometes más errores"  John Templeton.
Mi obsesión, desde hace años, es conseguir que mi toma de decisiones sea lo más racional posible, por ello concedo mucha importancia al proceso y al razonamiento inicial que me conducen a una decisión financiera y concedo muy poca importancia al resultado -positivo o negativo- de la misma.
Ciertamente que el ser racional no me protege en el corto y medio plazo del maníaco-depresivo Sr. Mercado pero si mi toma de decisiones es correcta, en el largo plazo, las probabilidades de éxito son mayores.
Cuando obtenemos una gran rentabilidad por una inversión o especulación deberíamos hacernos siempre la pregunta de si ha sido la suerte o, por el contrario, ha sido nuestra habilidad la causante del resultado.
Si no somos críticos y humildes corremos el riesgo -tras una fuerte ganancia- de pensar que somos capaces de batir al Sr. Mercado gracias a nuestra genialidad, intuición o información privilegiada, y ello conduce, casi siempre, al desastre.
Personalmente, prefiero equivocarme y perder dinero habiendo adoptado mi decisión racionalmente que ganar dinero por suerte habiendo tomado esa decisión alegremente sin evaluar los posibles riesgos.
Es muy difícil y requiere mucha humildad y autocrítica mirarse al espejo después de una gran victoria y decirse: "Has tenido suerte, no vuelvas a jugar"  No deberíamos pedirles resultados a los gestores de nuestros fondos, pidamos racionalidad y proceso, porque esa es la mayor garantía de que los buenos resultados llegarán.
Buffett afirma que no deberíamos invertir sin antes haber llenado una hoja con las razones que nos han llevado a ello, un folio que debería poder entender un niño de 11 años. Leamos esa hoja y veamos, a posteriori, si las revalorizaciones obtenidas han sido fruto de nuestro proceso y evaluaciones previas o simplemente ha sido la diosa fortuna, que la mayoría de las veces no nos visita dos veces.