Les voy a proponer un ejercicio de rapidez mental. Les puedo asegurar que se lo he planteado a conocidos, amigos y familiares, y la respuesta ha sido sorprendente. 

Invertimos 10.000 euros de una compañía y pagamos 10 euros por cada acción.

Supongamos que, unos meses después, esa misma acción, cotiza a 1 euro, e invertimos de nuevo otros 10.000 euros a ese precio.

La pregunta, diáfana y sin trampa alguna, es  (sería conveniente que la respuesta fuera lo más ágil posible y usando, exclusivamente, nuestra propia computadora, la materia gris cerebral):

¿Cuál es nuestro precio medio de compra?

Si tienen ya una cifra mental, hagan sus propios cálculos (les sirve papel y lápiz). 

Si se han equivocado por mucho, no se preocupen, eso suele ocurrirles -como he podido comprobar- incluso a superdotados.  Les confieso que esa trampa mental que nos condiciona el pensamiento inmediato, el de primer nivel, me ocurrió leyendo la reciente carta a los inversores de Prem Watsa.  En ella se aludía (y disculpen que les diga las cifras de memoria, y por tanto aproximadas) a una compra de una compañía, en el 2014, unos 450 millones a 32 euros la acción. Posteriormente, a finales de 2015, por esa manía "absurda" que tienen los grandes value investors de "tirar el dinero" promediando a la baja, invirtió unos 500 millones de euros a 1,30-1,40.  Cuando leí el precio medio de compra que tenía esa compañía tras su segunda inversión, no me lo creía. Se lo puedo confirmar, cogí papel lápiz.  ¡Increíble!: 2,2.