No hace mucho, intercambiando ideas con mi amigo Marco Lanaro, éste reconocía, abiertamente, que había cometido un error importante en una de sus decisiones de inversión.  Sinceramente, yo no lo veía ni lo veo así, pero acepté sus argumentos.

Sospecho siempre, y mucho, de aquellos gestores que nunca se equivocan. Gestores que siempre encuentran motivos que justifiquen el que una acción no se haya comportado como ellos preveían: que si ha habido un gap bajista imprevisible, que si los tipos de interés, que si la macroeconomía, que si el mercado ha cambiado de ciclo…, hay miles de excusas que, a posteriori, nos serán útiles para justificar nuestros errores.  Pero la única manera de poder aprender, mejorar y superarse implica la aceptación del error.

!No!, no quiero gestores ni analistas que sólo pregonen sus aciertos, busco gestores que manifiesten abiertamente sus fracasos y que aprendan de ellos, ya que equivocarse una vez es razonable pero hacerlo una segunda vez, en las mismas circunstancias, es de tontos.