Estos días suenan tres nombres vitales para el devenir europeo:
 
  • Mario Draghi: economista, actualmente presidente del BCE pero también ex-vicepresidente de Goldman Sachs (responsable teórico de la falsificación de las cuentas de Grecia para entrar en la UE) y ex-gobernador del Banco de Italia.
  • Mario Monti: universitario (no economista), se convertirá muy probablemente en el primer ministro de Italia esta misma tarde, sustituyendo a Silvio Berlusconi cuyo gobierno le propuso como comisario de mercado interior de la CE, cargo que ocupó hasta que posteriormente se convirtió en su poderoso comisario de competencia. En la actualidad no me consta que no siga siendo asesor de Goldman Sachs.
  • Lukás Dimitrios Papadimos: economista, ex-jefe del Banco de Grecia, posteriormente su gobernador, ex-consejero económico de la FED de Boston y ex-vicepresidente del BCE cuando Grecia entró en la UE y que hoy será nombrado primer ministro de Grecia si se sigue el guión establecido.
Siempre he pensado que los tecnócratas deben pilotar los gobiernos sustituyendo definitivamente a los políticos y no me refiero solo circunstancialmente en momentos de transición. Concretamente en esta momento pienso que los economistas pueden protegernos de los políticos y de sus incapacidades manifiestas pero, tras recopilar los datos aportados, me pregunto si no habrán puesto los lobos (bancarios) al cuidado de las gallinas…
 
Los mercados:
 
¿ Y los tan peyorativamente considerados " el mal de todo lo que ha ocurrido, ocurre y ocurrirá ": los mercados ? Sigo defendiendo que, especuladores con información privilegiada al margen, siguen siendo la auténtica policía de los estados, el único freno a las locuras de los políticos en activo, a su impunidad y a sus actos delictivos. Un ejemplo: nadie había conseguido desalojar al todo poderoso Berlusconi (ni siquiera sus condenas penales) de la poltrona presidencial: los mercados sí. ¡Gracias mercados! a pesar de que no sois perfectos ni por asomo, sois el único medio de presión en la práctica para que los inútiles sin moral acaben en la calle. Dicho de otra forma: el dinero manda aunque a muchos les asuste reconocerlo.