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Madrid .

La Ley del Talión


Escrito 13 May 14

La Ley del Talión

 

Isabel Carrasco fue tiroteada ayer, en plena calle, por la espalda, por dos mujeres encapuchadas en León. Aunque el juzgado ha decretado el secreto de sumario, Interior apuntaba ayer, como móvil del crimen, la venganza personal. Las reacciones a esta noticia en las redes sociales fueron muy variopintas, y desde mi punto de vista, muchas de ellas, muy peligrosas. Resulta escalofriante leer el ensalzamiento y la justificación de un crimen que nos devuelve a la época babilónica, donde se castigaba severamente a los que cometían infracciones.

 

Defende un ajusticiamiento es remontarnos al Código de Hammurabi en el año 1.760 a.C. Aunque en el caso que nos ocupa, no es, ni tan siquiera, hacer justicia mediante la Ley del Talión, ya que ésta, aún en el sentido más brutal de su aplicación, consiste en infligir una pena idéntica al delito cometido; y cometer un asesinato por venganza, tras un despido, es absolutamente desproporcionado.

 

Sinceramente, es injustificable que se preste apoyo por los ciudadanos a un acto tan despreciable, pero considero que hay que llamar la atención sobre lo que pone de manifiesto: en España existe una impunidad alarmante en los casos de corrupción política. Impunidad que algunos personajes públicos exhiben y de la que se jactan. Y esa impunidad no se basa en la inacción de la justicia, porque normas, como meigas, “haberlas, haylas”, sino porque los medios con los que cuenta nuestro sistema judicial son, poco menos, que prehistóricos.

 

Frente a esta impunidad y la ostentación de poder y riqueza que hacen nuestros cargos públicos, tenemos una población que sufre los efectos de una grave crisis económica, que desembocan en la dantesca cifra de seis millones de parados, de los cuales, sólo dos percibe alguna prestación. Es un caldo de cultivo para una revuelta social. Y ese es, precisamente, el peligro que nos debería preocupar.

 

Los analistas extranjeros no entienden la pasividad de la sociedad española ante la grave situación económica que vivimos, que debe tener más que ver con la existencia de una amplia red de economía sumergida, que con una actitud indiferente de los ciudadanos. Pero, ¿y si lo ocurrido ayer se convierte en un precedente? ¿Y si los ciudadanos deciden aplicar la Ley del Talión?

 

Si fuera un político español, hoy me preocuparía por las consecuencias a medio y largo plazo de lo que sucedió ayer. Invertiría en Justicia, informatizaría los procesos, me aseguraría de que se aplicaran penas contra los corruptos, defendería, en resumen, la idea de justicia de Ulpiano: “iustitia est ius suum cuique tribuendi” (la justicia es dar a cada uno su derecho). No se puede permitir que una persona acumule doce cargos públicos, pero en ningún caso, eso justifica un estallido de fervor tuitero porque la asesinen. Por otro lado, si analizamos el desmesurado volumen de nuestra deuda pública, estoy segura de que muchos preferiremos endeudarnos para mejorar el sistema judicial y acabar con el desfase presupuestario que provoca la corrupción generalizada, que para financiar obras públicas ruinosas.

 

La armonización de los preceptos legales en la Unión Europea debe servir también para desterrar esa vieja idea, de algunas conciencias, sobre la necesidad de “tomarse la justicia por su mano”.

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