Cada semana, hablo en Capital Radio en el programa Mercado Abierto de Laura Blanco, dando mi opinión sobre distintas compañías cotizadas. A mediados de noviembre, me tocó hacerlo sobre Vodafone. Vaya por delante, tal y como digo en mi intervención, que las empresas de telecomunicaciones no son mis favoritas. Podríamos ponerles la etiqueta de compañías de bajo crecimiento: beneficios estables, más allá de los vaivenes del ciclo económico, generación de caja y reparto de dividendos. Son empresas que juegan un papel importante en nuestro día a día, como las eléctricas, pero de las que no podemos esperar gran cosa como inversores a largo plazo.

En el caso de Vodafone, suponiendo que hubiésemos tenido la suerte de comprarla en el mínimo histórico de marzo de 2003, hoy atesoraríamos un 115 % de rentabilidad vía revalorización de la cotización. En casi 16 años como cotizada, no es una cifra para echar cohetes. Parafraseando a Peter Lynch, del cual volveremos a hablar luego, cuando una empresa no va deprisa a ningún sitio, tampoco lo hará el precio de sus acciones. Paramés comentaba hace poco, hablando sobre uno de los competidores de Vodafone, Telefónica, que hace veinte años estaba entre 10 y 15 euros, y hoy está a siete euros, por lo que no sería una acción que compraría para irse a una isla desierta y olvidarse de todo durante mucho tiempo. En su opinión, se trata más bien de una compañía comodín.

Volviendo a Vodafone, ha vuelto a ser noticia hace poco porque quiere reducir su plantilla en España, buscando volver a tener tarifas competitivas y acelerar la digitalización del grupo. Prueba de ello es que ya ha sacado una gama de tarifas que sólo se atienden por canales digitales y que derivarán, tarde o temprano, en la reducción de la plantilla y cierre de tiendas. Aunque no debe estar todavía muy implantado, ya que, cuando vas a contratarla, te piden que contactes con un operador llamando a un número de teléfono gratuito para ofrecerte una solución a tu medida.

De hecho, el 13 de noviembre, cuando hablaba de ella en antena, Nick Read dejó clara su intención de recortar sus costes operativos en Europa en 1.200 millones de euros en los próximos tres años (siendo el área comercial una de las más afectadas). Desde el mínimo de octubre, la cotización sube más de un 20 % en un mes, algo que siempre llama la atención: ¿Punto de inflexión o simple rebote? 

Desde el punto de vista técnico, y si estamos haciendo trading, hace un par de semanas sólo tenía sentido buscar cortos a favor de la tendencia. Sin embargo, el cierre de hoy en gráfico semanal confirma un cambio de paradigma y el factor momentum juega ahora a favor de los alcistas. Recordemos que la Bolsa es una máquina de descontar expectativas y el gráfico podría estar dándonos un primer aviso sobre lo que el mercado piensa de Vodafone.

Es cierto que estamos en una fase de risk off y, en Estados Unidos, son los sectores defensivos como utilities, cuidados de salud o productos básicos de consumo los que más momentum y fuerza relativa presentan. El sector de comunicaciones no sale muy bien parado, si bien es cierto que, dentro del mismo, compañías como Verizon y AT&T presentan un buen comportamiento relativo dentro de la debilidad sectorial. Hay que recordar que aquí se engloban no sólo compañías de telefonía, sino también redes sociales, empresas de videojuegos o medios de comunicación y entretenimiento.

Pero, dejando el ruido de corto plazo al margen, como señalaba en mi intervención, Vodafone está haciendo una transición exitosa de ser una de las empresas de telecomunicaciones inalámbricas más grandes del mundo a un operador diversificado que ofrece diferentes servicios en muchos mercados gracias a adquisiciones estratégicas: Alemania (Kabel Deutschland), España (Ono), Holanda (Ziggo, de Liberty Global), India (Idea Cellular) y Reino Unido (Cable & Wireless Worldwide). Ahora ha acordado adquirir las operaciones de Liberty Global en Alemania, Hungría, República Checa y Rumanía. Este acuerdo, si recibe la aprobación por parte del regulador, fortalecerá significativamente la estrategia de Vodafone.

Aunque hay mucho escepticismo, esta semana hemos conocido que la Comisión Europea ha aprobado la fusión entre Deutsche Telekom y Tele2 en Holanda (recordemos que Bruselas era contraria a permitir operaciones que implicaran una reducción en el número de operadores de cuatro a tres por país). La aprobación de este acuerdo aumenta la probabilidad de que la comisión apruebe la adquisición propuesta por Vodafone de los activos de Liberty Global en los países citados anteriormente.

Es en estas adquisiciones donde recuerdo el concepto de diworsification (diempeoración), acuñado por Peter Lynch: empresas rentables que, en lugar de recomprar acciones o repartir dividendos, prefieren invertir el dinero en adquisiciones poco prudentes. Según Lynch, el diempeorador genuino busca productos que estén sobrevalorados y totalmente fuera de su comprensión. No es el caso de Vodafone. Si bien es cierto que a veces ha pagado un precio alto por sus adquisiciones y eso ha resentido su rentabilidad, lo cierto es que todas han ido dirigidas a un negocio que comprende, ya que es su actividad recurrente. Eso es algo que me gusta.

No podemos decir que cuente con una gran ventaja competitiva, pero sí que existen en la teleco (derivadas de las ventajas de costes y la escala eficiente). Como las redes de telecomunicaciones son costosas de construir y mantener, cuantos más clientes tenga Vodafone, más personas podrán repartir sus costes fijos, reduciendo así el coste promedio por cliente. Por lo tanto, su gran tamaño le permite adquirir equipos a precios más bajos. Por otro lado, los altos costes de construir y mantener una red tienden a limitar el número de operadores en cada país, lo que lleva a Vodafone a tener un pequeño foso económico.

Con estas adquisiciones, la teleco ha elevado la calidad de sus redes y puede competir de tú a tú con los grandes players de los mercados en los que opera. La idea de la directiva es que los clientes que anden buscando velocidad estarán dispuestos a pagar una prima por ese servicio. Esta tendencia aumentará a medida que la calidad sea cada vez más importante con el crecimiento del uso de datos y eso debería traducirse a largo plazo en mayores márgenes y mejores ratios de rentabilidad.