Bilbo Bolson
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Invertir y conducir, curiosos paralelismos


Escrito 19 Mar
Hay mucho paralelismo entre universos aparentemente distintos: por ejemplo, la conduccion de un vehiculo y la inversión en los mercados. Ambos representan tareas de gran complejidad, con variedad de situaciones, donde el conductor/inversor ha de estar en pèrmanente alerta para reaccionar adecuadamente en cada momento. 
 
El conductor ha de estar alerta para percibir qué pasa fuera y dentro del coche, estar atento al entorno del trafico, evitar distracciones, tomar decisiones y ejecutar las maniobras de conduccion. El inversor ha de usar los sentidos para analizar y analizarse, interpretar la informacion relevante, concentrarse en los objetivos y decidir las inversiones apropiadas con la mejor ejecucion posible. 
 
Con el tiempo, los sistemas de seguridad de trafico han creado un confort y percepcion de seguridad en la conduccion que hace que se incremente nuestro apetito de riesgo subjetivo, neutralizando en parte la mayor seguridad de los vehiculos. Sólo las penalizaciones y las campañas de educacion vial han conseguido reducir la siniestralidad, que sigue siendo importante, sobre todo por la velocidad, el alcohol y drogas y los fenomenos interferentes (el movil, gps....)
 
De la misma forma, los inversores han tomado una confianza desproporcionada en los activos de riesgo, el nivel de relajo es el mayor en muchos años. Tipos de interes bajos, la acomodaticia postura de los BCs, la ausencia de alternativas de rentabilidad sin riesgo ha desplazado hacia la bolsa y los emergentes una cantidad de inversiones nunca vista. La percepción de riesgo es muy baja, con independencia de los saltos transitorios en la volatilidad. El inversor ha de estar atento a las zonas de valor intrinseco real y no perseguir los precios cambiando su metodología, de la misma forma que el conductor responsable no ha de incrementar el riesgo en la conduccion sólo porque los sistemas de seguridad del vehiculo y del entorno sean mejores que antes. 
 
La paradoja es que en ausencia en los mercados financieros de acciones punitivas que eviten los extremos, cosa que sí existe en la conduccion de vehiculos, en aquellos la penalización la realiza el propio mercado castigando al inversor sin estrategia, que compra en maximo y vende en minimos porque sólo sigue al mercado, con independencia del valor intrinseco. Esta actuacion le da si cabe un mayor riesgo inherente al ecosistema financiero, porque al margen de que sucedan o no eventos fuertes durante un periodo, se estan gestando comportamientos de riesgo que estallarán en algun momento. 
 
Ajustar el apetito de riesgo, que siempre es subjetivo, al riesgo objetivo del mercado, es el gran reto de los inversores. El gap entre ambos ha de cerrarse, y como en un accidente de trafico, la energia del movimiento no desaparece: se distribuye entre lo distintos elementos que colisionan. Así sucederá cuando los inversores ajusten se ajusten al riesgo real del mercado: la socializacion de pérdidas hasta que el vehículo se detenga. 

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