1. Nunca aconsejes a nadie que compre o venda acciones, porque donde la perspicacia está debilitada, mal puede lucir airoso el consejo.

 

2. Tomaos toda ganancia sin remordimientos, porque la anguila puede escaparse cuando menos se espera. Es prudente disfrutar de aquello que es posible, sin esperar la continuación de la coyuntura favorable ni la persistencia de la suerte.

 

3. Los beneficios de la bolsa son los tesoros de los duendes. En un momento dado pueden ser carbuncos, luego, carbones, luego diamantes, luego guijas, luego lagrimas de la aurora, luego lagrimas.

 

4. Quien desee ganar en este juego, debe tener paciencia y dinero, puesto que los precios son muy inconstantes y los rumores muy poco fundados en la verdad. Aquel que sepa aguantar los golpes sin aterrorizarse por la desgracia será el león que responde a los truenos con rugidos, y no como la cierva que, aturdida por los truenos, trata de huir. Es cierto que el que no renuncia a la esperanza ganará, y obtendrá la suma apropiada de las operaciones que ha previsto al comienzo. Debido a las vicisitudes, muchos se vuelven ridículos, ya que algunos accionistas son guiados por sueños, otros por agujeros, estos por ilusiones, aquellos por caprichos, y muchísimos por quimeras.

 

 

5.Los que andan en estos embelesos parecen imitar a los cuáqueros ingleses, que creen tener en el interior de su cuerpo un espíritu que les habla. Según decís esta gente de la bolsa es bastante tonta, totalmente inestable, loca, orgullosa e insensata. Venderán sin saber el motivo; compraran sin razón. Acertaran o erraran si merito o desmerito por su parte. Supondrán que el espíritu los persuade, pero el espíritu al parecer será a veces como el Ahab, que engaña, o como el Saúl, que se enfurece.

 

 

Diálogos escritos en 1688.

Extraídos del libro "Confusión de confusiones", José de la Vega.