Saludos cordiales. Llevaba un tiempo sin escribir y pensaba seguir así una temporada más. Pero una semana tan memorable como esta última merecía volcar negro sobre blanco una serie de reflexiones sobre las enseñanzas que pueden extraerse del caso Gowex, que a tanta gente del mundillo de las finanzas ha retratado. Iré exponiendo una serie de pensamientos aleatorios que me han ido surgiendo al calor del asunto.

Por qué creí a Gotham desde el minuto uno

Cuando supe del informe de Gotham la tarde del martes 1, lo di por cierto sin haberlo leído siquiera. No es que tuviera previamente sospechas sobre Gowex, compañía que para mí era un tren que había partido hace tiempo y a la que no prestaba la más mínima atención, salvo cuando no me quedaba más remedio por toparme con alguna noticia relacionada con la misma en el Expansión o El País de los Negocios. Pero en aquel momento toda las piezas en mi cabeza encajaron: una empresa que básicamente era un contratista (pagado por corporaciones municipales para proveer wifi gratuito), en una industria sin apenas barreras de entrada, mostrando esas cifras de crecimiento y rentabilidad (que la seguían presentando como barata incluso a 20 € la acción) era un asunto harto sospechoso para cualquiera que conozca las dinámicas competitivas. 

La reacción de los medios (la mujer de Jenaro)

La primera reacción que percibí en los medios, más que la de investigar qué de cierto había en la acusación, fue la de querer matar al mensajero. Para mi sorpresa, algunos de los profesionales más reputados del país esgrimían un reportaje del FT sobre Gotham City que poco menos que daba a entender que eran unos piratas de tres al cuarto.

Especialmente risible me parece cómo algunos quisieron desestimar el informe a botepronto por cuestiones de forma, rasgándose las vestiduras por haber mencionado Gotham el hecho de que la responsable de Relaciones con los Inversores fuese la mujer del Consejero Delegado de la compañía. Esto último es indicativo, por un lado, de la dictadura de la corrección política en que vivimos y por otro muestra cómo un  dato que en otras culturas se considera un síntoma de nepotismo y decadencia organizativa aquí se ve como lo más normal del mundo. Por algo está en nuestro refranero aquello de “el que no tiene padrino no se bautiza”.

¿Dónde se habían ido los calentólogos de Invertia? Estaban en twitter

En los viejos tiempos de invertia (antes de que el crash del 2008 y la irrupción de redes sociales de inversores como unience, rankia, et al. provocasen la migración de sus usuarios) era fácil tener más o menos controlados a los calentólogos profesionales. Por el tipo de acción en el que estaban y los mensajes que posteaban sabías de qué pie cojeaba cada uno. Hoy día la industria de la calentología es mucho más sofisticada. Con los nuevos soportes multimedia y la crisis de los medios tradicionales  cualquier indocumentado se te puede colar hasta la cocina y pasar por un catedrático. Entre esto y el intercambio de adulaciones interesado de twitter (por no utilizar una expresión más ordinaria) nunca ha estado más fácil para cualquiera que lo cataloguen como experto en algo. Así, pasan por “experto en tal mercado” o “uno de los más reputados analistas sobre” gente sin el más mínimo sentido crítico que se limita a hacer de correa de transmisión de la información que les pasa la compañía sin aportar ningún análisis de su cosecha.

Lo malo es cuando se creen que saben y quieren monetizar

Efectivamente, lo peor no es que estos señores rellenen espacio radiofónico y asientos como ponentes en foros organizados por casas de gestión de patrimonios. Lo malo es cuando estos individuos realmente se creen que saben y deciden que van a asesorar. En Estados Unidos ya pasó con un señor que por acertar unos cuantos movimientos con Apple montó un Hedge Fund que sólo invertía en opciones de la compañía, aventura que terminó con el dinero de sus clientes volatilizado. Y aquí hemos tenido casos similares, gente especializada en una sola compañía o un solo sector del mercado arrastrando a incautos que abandonan cualquier principio de prudencia y gestión del riesgo en su particular búsqueda del Grial.

La responsabilidad de los que bloguean

Por último, me parece inaudita la irresponsabilidad de gente que han pretendido convertirse en lugar de referencia en temas financieros (cosa que no es difícil en el erial patrio) y después de catalogar el informe de Gotham como “Sucio Ataque” se lavan las manos diciendo: “A mí qué me cuentan. Para lo que cobro yo por esta actividad, no pretenderán ustedes que encima sea riguroso”.

En este mundillo, cuando uno llega a una categoría (aunque no cobre nada por ello) lo menos que  puede hacer es ocasionar el menor daño posible. Y, como dice Taleb, si uno no va a sufrir perjuicio por los errores que cometa con sus recomendaciones lo mejor que puede hacer es no opinar. Esa es una de las razones por las que no estoy escribiendo paridas un día sí y otro también.

Conclusión

El tema da para escribir horas y horas. Podría mencionar también lo matizadas que se han vuelto las declaraciones de algunos tras la debacle,  en las que han aparecido conceptos como el mayor riesgo de las empresas del MAB y la diversificación, que no recuerdo en ninguna de sus intervenciones previas segadas sólo a la posibilidad de fabulosos beneficios. Pero la conclusión es la de siempre: desconfíen de los falsos profetas que de tiempo en tiempo llegan al mercado ofreciendo métodos novedosos para hacerse rico de una forma rápida. Póngase en manos de un buen profesional, los distinguirá porque la mayoría de las veces le propondrán planes de acción tan excitantes como ver secarse la pintura en la pared. Lo demás es cuento.