Enrique Borrajeros

(eborrajeros)

Finanzas personales, IT, MKT y Personas

Madrid. Madrid. ESPAÑA.

No es momento de estructurados


Escrito 9 Mar 10

Hemos seguido con atención el mercado de productos estructurados y de fondos garantizados, que vuelven a ser protagonistas en muchas recomendaciones de inversión y, como comentábamos en el número 6 de Abantropía, la newsletter mensual de Abante, no vemos ideas interesantes en el contexto actual. 

Un vehículo estructurado puede ser adecuado para un inversor en concreto, en determinadas condiciones y en una proporción determinada. En gran medida, las restricciones vienen impuestas por el objetivo de rentabilidad del inversor, que en última instancia depende de sus objetivos y ahorro –actual y futuro-, y por el horizonte temporal de inversión y las necesidades de liquidez que el propio inversor determina.

Sin embargo, aun dándose las circunstancias para que el inversor acceda a los mercados con una parte de su inversión a través de fórmulas estructuradas, las condiciones de mercado en cada momento no siempre permiten construir un producto con una combinación de rentabilidad esperada, riesgo, liquidez y coste atractivos.

En general, la filosofía de una fórmula garantizada es: invierte en activos con riesgo, garantizando el capital o una parte importante de él. Es decir, la piedra filosofal de la inversión.

Para ello, una parte muy importante del dinero invertido se destina a la compra de activos de renta fija. Esta cantidad destinada a “garantizar” el capital es tanto mayor cuanto menores sean los tipos de interés. Hoy los tipos de interés a corto plazo de los activos emitidos por el Tesoro, los más seguros, están en niveles muy bajos, por debajo del 1% a un año, por debajo del 2% a tres años y por debajo del 3% a cinco años.

Sólo a través de bonos con peor calidad crediticia y, por tanto, con peores cualidades para servir de garantía a la estructura o alargando mucho los plazos de los productos, algo que no encaja muy bien con la preferencia por la liquidez típica en inversores conservadores, podrían estirarse algo las cantidades disponibles para obtener rentabilidad.

Incluso así, no se dan las mejores condiciones para que la rentabilidad pueda compensar el mayor riesgo o la menor liquidez. Aquí, la clave es la volatilidad. Con la volatilidad muy alta o muy baja, incluso con poco dinero para invertir se puede optar a una rentabilidad atractiva. Hoy la volatilidad está en una zona neutral, veinte puntos por debajo de los niveles de hace un año y diez o doce puntos por encima de los bajísimos niveles de 2006. En este contexto, lo que nos propongan como fuente de rentabilidad o está sujeto a condiciones cuyo cumplimiento es muy poco probable o, siendo probable, está muy mal retribuído.

Hoy la inversión sin riesgo da poco. Pero, fijando adecuadamente las condiciones de partida y los objetivos del inversor, se puede gestionar el riesgo a través de fondos de retorno absoluto, de renta fija corporativa, de multiestrategia y de renta variable flexible y se puede encontrar la combinación de rentabilidad, riesgo y liquidez óptima para cada perfil, sin necesidad de buscar fórmulas alambicadas que, esta vez, sabemos que sólo garantizan no ganar.


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