Enrique Borrajeros

(eborrajeros)

Finanzas personales, IT, MKT y Personas

Madrid. Madrid. ESPAÑA.

Plastics!


Escrito 4 Feb

Después de dos años y pico de crisis económica, cuando el horizonte macroeconómico mundial comienza a despejarse y las empresas están volviendo a la senda de los buenos resultados por la vía de los ingresos; cuando algunos no terminan de creerse el final de un 2009 que ha tenido en sus extremos la solución a su elevada rentabilidad; cuando las fórmulas de ahorro convencionales, cuyos buenos retornos a la vista son tan efímeros como dañinos a largo plazo; cuando el sector de la banca privada parece haber hecho propósito de enmienda y busca la absolución del inversor; cuando parece que, en definitiva, la confianza de los agentes comienza a recuperarse, llega 2010.

 

Es el último de una década de éxitos, de progreso y de avances que ha terminado con el personal ebrio de dinero barato, cometiendo excesos fruto de los efectos riqueza y apurando los posos de las copas de la rentabilidad cuando esta ya no existía o alcanzarla, suponía exponerse a riesgos que no por no calculados eran reales y muy dañinos.

 

En el ínterin, hemos pasado por historias de todos los colores. Comenzamos viendo el abismo desde los máximos marcados por las acciones de tecnología allá por marzo del año 2000; la recuperación, en la que pocos creían, vino de la mano de la bolsa, pero los inversores, estaban en 2003, en los fondos garantizados. En 2006, los protagonistas fueron los monetarios dinámicos, los VaR y, con menor volumen, la inversión en emergentes. En todo este tiempo, las inversiones alternativas han sido válvulas de escape hacia el Malagón de una expectativa de rentabilidad sustentada por el apalancamiento y el BOE, en unos casos, por el apalancamiento y complejos métodos de valoración, en otros, y siempre con grandes dosis de iliquidez. Tal vez la inversión más dramática ha sido la realizada en vivienda, alentada por una carrera sin precedentes por conceder hipotecas que en otro tiempo le hubieran costado el puesto al director de la sucursal.

 

Si han visto la película El Graduado (1967) seguro que recuerdan una escena, acaso la más memorable, en la que un tal Mr. McGuire, durante el transcurso de una fiesta, irrumpe saludando grave y paternalmente al protagonista, Ben (Dustin Hoffman) y lo conduce a un lugar apartado, ajeno al murmullo y las miradas de los invitados a la fiesta, con un enigmático “tengo que hablar contigo”. La pose de Mr. McGuire, su gesto, la seguridad de sus movimientos, el tono de su voz, envuelven de misterio a la conversación que está a punto de producirse. Mr. McGuire lleva hasta el límite el suspense que acompaña a sus palabras: “tengo que decirte una palabra. Sólo una palabra”. Y aun, exige la atención que ya tiene de su amigo: “¿Estás escuchando?”. En el momento cumbre le espeta, simplemente: “Plastics”. “¿Qué quieres decir con “plastics”, contesta Ben. “Hay un gran futuro en los plásticos, un gran negocio. Piénsatelo”.


 

La escena es la crítica a los valores de una generación anclada en el tema de su tiempo y que nosotros hemos emulado ahora con nuestro ladrillo. El problema es lo que está por venir y el modo en que lo afrontemos.
Se habla de la necesidad de cambiar el modelo de banca de productos por un modelo de clientes. Sobretodo, en banca privada. La frase se desempolva en cada crisis y es devuelta al trastero en cada época de bonanza. Las modas son más sencillas de vender y más rentables.
A estas alturas de 2010, muchos saben ya que los buenos propósitos se van a quedar en eso. Desmantelada la unidad de banca privada, y con los tipos a ras de suelo, no hay nadie capaz de explicar cuál debe ser la distribución de activos correcta y que la rentabilidad está en el riesgo. Me temo que volvemos al mismo sitio, después de correr el doble ¿Qué toca este año?
Mientras, las conclusiones de la Comisión para el estudio del envejecimiento en el futuro del Estado del Bienestar, auspiciada por Unespa, y presidida por Rodrigo Rato, venían a decir que «si los ciudadanos supieran que los 100 euros de pensión que les corresponden hoy se quedarán reducidos a 60 euros en 15 años, serían ellos quienes pedirían una reforma profunda del sistema».
Además, el viernes el Gobierno planteaba la necesidad de tomar medidas urgentes y drásticas, hasta la fecha tachadas de alarmistas. Quizás con menos decisión de lo deseado.
A la vista de cómo pinta el panorama, es necesario e inaplazable elegir en quién apoyarse. Háganse esta pregunta: ¿Cuánto tiempo pasa (y está dispuesto a pasar) su asesor ayudándole a identificar y gestionar su rentabilidad objetivo, aquella que, dadas sus circunstancias como inversor, le permitirán alcanzar sus metas personales, y cuánto hablándole de plásticos?

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