A la hora de invertir nos hacemos muchas preguntas. Trataré en estas notas de  responder a estas dos preguntas.

 

Antes de nada, parto de la base de que estoy convencido de que tengo que generar un  diferencial positivo entre mi renta disponible y mi nivel de gasto actual, para que ese excedente, como materia prima, pueda ser utilizado para responder a esas dos preguntas.

 

Si mi situación personal no lo alcanza, entonces tendría que preguntarme ¿Por qué es deseable tener ese diferencial positivo?. De momento esta pregunta no trataré de responder, ya que las posibles respuestas pueden ser variadas: habrá personas que quieran protegerse en un futuro de contingencias imprevistas, otras desearán dirigirlo hacia un consumo más o menos cercano en el tiempo, otras no tengan claro la aplicación futura, otras miran hacia su jubilación, etc.

 

Si el excedente existe, entonces se trata de gestionarlo de la mejor manera posible.

 

¿Para qué?.

 

En esta pregunta se encuentra nuestra finalidad. Intentaré responder a la pregunta como me enseñaban en mis clases de matemáticas en el BUP sobre la resolución de enunciados por reducción al absurdo: Para no ahorrar.

 

Si pensamos que ahorrar, en esencia, consiste en intercambiar el mismo dinero entre dos fechas distintas que finalmente resultarán equivalentes, en esencia consiste en quedarme en el mismo sitio. El paso del tiempo no ha hecho nada para mejorar mi posición patrimonial, ya que los importes monetarios, con el paso del tiempo, son similares.

 

Como lo que deseo es que el paso del tiempo juegue a mi favor, y ahorrando no he conseguido avanzar, debo hacer algo distinto. Debo batir a la inflación. Para eso es necesario asumir un determinado riesgo. Si pensamos que la asunción de un riesgo es el precio que debo pagar por buscar ganar a la inflación, estoy asumiendo que ese precio merece la pena pagar. ¿Es alto ese precio?. Creo que no, ya que el coste de oportunidad de ahorrar en vez de invertir también supone pagar un precio. Y para mi ese precio es mayor que la asunción del riesgo de invertir.

 

Invertir supone incorporar un dinero a una tarea productiva realizada por un tercero, al igual que un trabajador por cuenta ajena incorpora su trabajo en una empresa, al igual que un trabajador por cuenta propia une capital y trabajo para generar un excedente en la empresa que dirige y gestiona.

 

Cuando el trabajador por cuenta ajena elige trabajar en una determinada empresa, asume un riesgo, y desea y espera que los resultados empresariales sean superiores a la media del mercado. Cuando el trabajador por cuenta propia se vuelca en su empresa, asume el riesgo de no acertar y no adaptarse a los cambios del mercado.

 

Cuando invertimos, debemos hacer igual que el trabajador por cuenta ajena y cuenta propia: elegir aquellas empresas en las que los retornos esperados sean superiores a la media, con la ventaja de que el dinero al ser más volátil, puede diversificarse entre no una empresa, sino un conjunto de ellas que consigan esa finalidad.

 

Tenemos una ventaja en esa elección que no existe en nuestros trabajos: el gestor de inversiones. Este nos estará diciendo si consistentemente la elección de sus empresas son acertadas o no a través de sus rentabilidades conseguidas.

 

Que fácil lo tenemos. En nuestras vidas personales, difícilmente podemos trabajar para varias organizaciones a la vez, así como gestionar y dirigir como trabajador por cuenta propia varias empresas. Con nuestro dinero esto es posible, invirtiendo directamente sin asesoramiento en el mercado de valores o contando con gestores de patrimonio que lo hará por nosotros.

 

Ese tiempo es el que nos dirá si hemos acertado o no. Debemos dejar pasar el tiempo al igual que hacemos en nuestras empresas para las que trabajamos o dirigimos. Estamos dispuestos a permanecer en nuestros trabajos un tiempo prudencial para ver los resultados. Ese tiempo debemos dárselo también a nuestras inversiones.

 

¿Para quién?.

 

En este apartado, igualmente las respuestas pueden ser variadas. Para mi la satisfacción de la inversión no es interna sino externa. Quiero demostrar con hechos (actos) no con opiniones (palabras) a las personas más queridas que me rodean que puedo ser un ejemplo, repito con hechos, de que invertir es bueno, de que la diversificación de fuentes de ingresos es una cualidad a desarrollar y enseñar a esas personas de las ventajas del conocimiento del mercado financiero y de todas las virtudes que le rodean y que sin duda le enriquecerán como persona.