En este artículo quiero hablar de la consideración necesaria de todo proceso de inversión, de su materia prima: el capital. Mucho se habla sobre como rentabilizar dicho capital financiero para que sus rentas (dividendos) y/o valor actual superen con creces al capital inicial. Todos tenemos una fórmula que consideramos más acertada, a priori, sobre las demás para conseguir nuestros objetivos. En cierta manera damos por obvio que dicho capital ya se encuentra generado o se prevé generar en el futuro y dedicamos nuestro tiempo como recurso para acertar en dicha finalidad.

Ese éxito no sería tal sin la importancia de cuidar nuestras actitudes en el ingreso actual y futuro y en la contención de nuestros gastos actuales y futuros que nos permitan generar tasas de ahorro suficientes que, como nuevos flujos positivos o negativos de renta, respectivamente, nos permitan incrementos de nuevo capital que retroalimente a las inversiones actuales.

En esencia, consiste en centrarnos en conocernos y mejorarnos para que podamos retener parte de la riqueza que vamos generando.

Para ello, creo esencial varios pilares: desarrollar un trabajo que me apasione, que disfrute del mismo, mejorar la formación y conocimiento siempre y en todo lugar y cuidar las relaciones personales.

Si esto lo consigo, el enriquecimiento personal superará al enriquecimiento económico.