Supongan ustedes que una persona de 46 años, que se encuentra en la mitad de su vida laboral, que ha cotizado durante 20 años al régimen especial de autónomos en su base mínina, y que previsiblemente le quedan otros 20 años más de cotización, se plantea llegar a un acuerdo con el sistema público de pensiones que diga: Me gustaría firmar un documento en el que renuncie a los derechos adquiridos durante todos esos años cotizados, pero me permita ingresar las cuotas mensuales de autónomo futuras en un sistema privado de pensiones. En resumen libertad de elección en el futuro y pérdida de derechos adquiridos hasta ahora.

¿Quién creen ustedes que saldría ganando?. Para dar respuesta a esta pregunta es necesario determinar una situación de partida y unas proyecciones futuras en los que basarme para tomar una decisión (teórica) sobre esta alternativa (teórica).

La situación de partida es la siguiente: La base de cotización mínima actual al régimen de autónomos es de 850,21 euros, por la que se abona la cantidad de 254,21 € mensuales, sin la cobertura de accidente de trabajo. Suponemos una media de inflación anual del 3% en el futuro, y un incremento de las cuotas mensuales y de bases mensuales de cotización en la misma línea. Esta es la proyección futura de seguir otros 20 años cotizando en el régimen de autónomos.

Las proyecciones de la alternativa son las siguientes: Misma proyección de inflación anual del 3%. En cuanto a la inversión asociada a la capitalización de las cuotas mensuales de autónomo devengarán una rentabilidad media anual del 10%. Alguien podía pensar que dicha rentabilidad media es imposible conseguirla en los próximos 20 años. Yo le diría una cosa: hay estudios hechos que dicen que la rentabilidad media anual de la bolsa de Estados Unidos utilizando una serie histórica de 200 años ha sido del 8%. Dicho objetivo no se sitúa muy lejos, además los niveles actuales de la bolsa no son muy altos, sino todo lo contrario y dicha inversión media anual se ha conseguido sin utilizar las técnicas de gestión de inversiones de forma activa, por lo que el margen de mejora parece evidente.

De continuar las cosas en el futuro según el pasado, es decir, seguir aportando las cuotas mensuales al régimen de autónomo, y según las proyecciones anteriormente marcadas, de forma analítica tendríamos:
 

 

Para facilitar su comprensión, les indico unas notas aclaratorias:

 

  1. La columna de bases de cotización se refiere a cantidad mensual, con incrementos lineales del 3% según la inflación prevista, y cuyo costo anual se refleja en la siguiente columna. En resumen, le estaríamos dando a la Seguridad Social una cantidad en euros en los próximos años de 81.968,61 €, medido en euros corrientes (suma algebraica) y no en euros constantes (calculados a poder adquisitivo del año 2012).

 

Según las normas actuales, y suponiendo que continúen así en los próximos 20 años, esta persona habría cotizado 40 años, y tendría derecho a jubilación cobrando el 100% de la base reguladora, que sería, en euros constantes, 850,20 € mensuales, en 14 pagas, lo que alcanzaría el importe anual (en euros constantes) de 11.902,80 €.

 

Es verdad que en euros corrientes, la cantidad sería muy superior, pero a los efectos prácticos, dicha cantidad equivaldría en paridad de poder de compra del año 2012 a 11.902,80 €. Para mayor detalle, sería 1.490,83 euros, en 14 pagas mensuales, ya que las bases de cotización de los últimos 13 años se actualizarían en el IPC para formar la base reguladora, pero ya hemos visto que sería equivalente a la cantidad indicada en el párrafo anterior.

 

Si pensamos que esta persona viviría 20 años más, la cantidad a la que tendría derecho por el sistema público de pensiones sería de 238.056,00 € o 417.432,40 €, según se mida en euros constantes o corrientes.

 

Otra hipótesis más: he supuesto que las pensiones de jubilación no se actualizarían en los 20 años de vida que le quedaría por cobrar. Esta hipótesis parece bastante razonable, según los acontecimientos vividos en los 2 últimos años y las proyecciones que se esperar sobre la población ocupada, personas en edad de trabajar y ratio personas ocupadas dividido por personas mayores de 65 años.

 

Vayamos a comparar los datos expresados con anterioridad, con el capital que se alcanzaría en el caso de que las cantidades fuesen invertidas en un plan de pensiones o fondo de inversión con la finalidad de la constitución de renta privada que cumpliría la función de la pensión de jubilación. Para ello en la siguiente tabla se expone

 

 

A continuación se indican unas notas explicativas:

a) La columna capital en euros corriente se obtiene para el primer año de aplicar una tasa de rentabilidad media del 5 por 100. Dado que son sumas de aportaciones al plan de pensiones o fondo de inversión invertidas de forma regular todos los meses, por término medio el importe invertido cada año será de 6 cuotas mensuales de autónomo. Para el segundo año será la capitalización al 10% de las cantidades invertidas el año precedente, más la capitalización del año corriente al 5%.

b) La columna capital en euros constantes se obtiene de forma similar, sobre la columna precedente y para el primer año, a descontar para el año en curso el 1,5% de inflación (por venir de aportaciones mensuales), siendo el importe del segundo y sucesivos años, el correspondiente a aplicar la tasa de inflación del 3% a las cantidades aportadas del año precedente, y el 1,5% a las del año en curso.

Según esto, en el momento de la jubilación, no tendríamos derecho a cobrar cantidad alguna por el sistema público de pensiones, pero tendríamos derechos consolidados en el plan de pensiones o saldo en el fondo de inversión de 225.191,92 €, expresado en términos corrientes. Dicha cantidad la utilizaríamos para ir retirando la misma cantidad que tendríamos derecho en el sistema público de pensiones a los efectos de conocer si éste sistema resultaría más beneficioso o no.

Hemos hecho una tabla que ilustraría lo anterior

 


 

Damos unas notas explicativas:

a) La primera columna indica, en euros corriente, la cantidad que se percibiría del sistema público de pensiones, bajo la hipótesis de que no se actualicen las pensiones.

b) La segunda columna indica, bajo la hipótesis poco posible de que el fondo no genere rentabilidad futura en los 20 años de jubilación, cuando nos “comeríamos” el plan o fondo creado si detrajésemos del mismo la misma cantidad que tendríamos derecho a cobrar del sistema público de pensiones. Expresa que a mitad de la vida de jubilación se agotaría el plan o fondo.

c) La tercera columna si es verosímil. El plan genera una rentabilidad igual que la rentabilidad de los primeros 20 años, y dado que retiramos cantidades mensuales, a final del primer año tendríamos el saldo acumulado del plan, menos las cantidades detraídas ese primer años, cuya diferencia generaría el 10% de rentabilidad media anual, más el 5% de rentabilidad de las cantidades que ese año hemos retirado mediante cuotas mensuales, y que por término medio, la mitad ha estado perteneciendo al plan.

Según esto, y por arte y magia del interés compuesto, nos encontramos que nuestro plan nos permite en los próximos 20 años disfrutar de una renta mensual equivalente a la que disfrutaríamos del sistema público de pensiones, pero que al sobrevenirle la muerte, sus herederos tendrían derecho a una “pensión de viudedad” o “pensión de orfandad” que tiene unos derechos consolidados de 259.784,80 €, que podrán seguir generando nuevas rentas a las siguientes generaciones.

Para compensar un poco estos número y no nos parezcan tan claros, nos hemos permitido hacer una tabla adicional, bajo la hipótesis de que la Seguridad Social, tenga recursos suficientes como para asegurarnos la revalorización automática de las pensiones de jubilación según la inflación, que la he vuelto a simular en el 3% anual. Los resultados están expuestos.

 

 

Esta tabla contiene las mismas formulas que la anterior, y expresa como al año 9 sin reinversión los resultados se igualan, pero con reinversión, se produciría entre el año 19 y 20, es decir, y bajo la hipótesis expuesta de revalorización automática de las pensiones, que es la hipótesis más remota de cuantas se han expresado en este escrito, habríamos tirado por tierra los primero 20 años de cotización (la mitad de la vida útil) que son los que expuso el cotizante ante el posible acuerdo con el sistema público de pensiones. ¡Nada más y nada menos que la mitad de su vida útil tirada a la basura!

Estos datos no nos deben extrañar ya que la tasa de dependencia, medida como afiliados a la Seguridad Social por cada pensionista, en la actualidad se encuentra en 2,42, el nivel más bajo desde 2002. Si tenemos en cuenta los cotizantes ocupados, es decir, eliminamos entre otros los prejubilados que están cotizando a la Seguridad Social mediante un convenio especial, el ratio desciende a 1,9, muy próximo a los números expuestos con anterioridad. Hay que pensar que un sistema para que no quiebre debería alcanzar, al menos, la tasa del 2,5.

Dentro de 20 años, no se que pasaría, pero me temo muy mucho que los resultados alcanzados en esta tabla habrán girado mucho más a decantar por el plan privado frente al sistema público.