Las razones detrás de las que se esconde el gobierno para no pedir el rescate son un camelo.

Lo bueno –y sin duda resulta un avance con respecto a lo visto en el arranque de legislatura-, es que al parecer son conscientes de la gravedad de la situación: la reapertura del mercado de crédito es “capital” para la recuperación de la actividad. La situación actual, aunque mejor a la vivida antes de verano, no permite que por debajo del soberano –que lo hace malamente, ¡440 de spread!- se financie nadie con cierta normalidad y esto no es sostenible.

Ahora bien, como el alumno vago que no quiere ir a clase porque la maestra le va a preguntar, nos van sorprendiendo semana tras semana con excusas entre peregrinas –los deberes se los ha comido el perro- y rocambolescas –no me presento al examen para no dejar mal a mi primo-.

El rollo de que como no sé lo que me van a pedir mis socios no lo solicito, ya se les ha agotado. Después de dos meses largos mareando la perdiz, en los que se han reunido por delante y por detrás, bilaterales, multilaterales y medio pensionistas, ya parece que algo intuyen. Lo bueno es que la famosa condicionalidad no va por el lado de acelerar ajustes, todo lo contrario, sino más por el de las reformas estructurales pendientes: pensiones y administraciones públicas. El enfoque mucho más pragmático que en los últimos tiempos parece que están adoptando desde todas las instituciones europeas –las de fuera hace tiempo que cambiaron el tranco- a la hora de lidiar con la crisis, es un avance indudable y, junto con la entrada en escena del BCE –¿qué fue antes el huevo o la gallina?-, supone un antes y un después.

La película de miedo de que los alemanes no quieren que lo pidamos –el “profe” me tiene manía-, cae por su propio peso. Vamos a ver, ¿no quieren que nos acojamos a una formula de rescate que ellos han impuesto? “No, no les viene bien políticamente”. ¡Ah claro!, los ajustes que ha hecho y que le quedan por hacer al gobierno, por el contrario, no tienen costes para el PP. Y por supuesto que los alemanes prefieren dejar abierta la posibilidad de que en cualquier momento del año que viene –año de elecciones generales en Alemania- se vuelva a liar parda y tenga que ir a su Parlamento no con una ayuda que todo el mundo tiene en la cabeza, sino con una propuesta de mucho mayor calado para sacar del hoyo a españoles, italianos y quizá franceses… Evidentemente los alemanes no quieren y han decidido romper la baraja ahora que ya estaba esto empezando a encauzarse. Tiene sentido, ¿no?

Y la última es que nadie nos garantiza dónde se van a ir las primas de riesgo. Esta excusa es igual de mala que las anteriores. Evidentemente el BCE no va a garantizar ningún objetivo de diferencial y hace bien. Sería contraproducente y abriría un debate baladí. Pero creo que todos somos capaces de presuponer que la prima de riesgo se va a reducir de forma sustancial en el momento que tienes un mecanismo por el que el banco central está comprando bonos en el secundario –“and belive me, it would be enough”- y tienes a tus socios europeos en no sabemos todavía que fórmula, acompañándote en el primario.

Esta solución no es el bálsamo que todo lo cura, evidentemente. Sin embargo, está pergeñado para solucionar problemas de liquidez sin sacar a los rescatados del mercado –lo que a la vista de lo que ha pasado con Portugal e Irlanda, no resulta práctico- y gana tiempo. No soluciona los problemas. No ajusta el déficit, ni restructura el sistema financiero, ni reforma las administraciones públicas o el marco laboral. Pero sí, temporalmente y a la espera de que el mercado compruebe que el gobierno está a la altura de su palabra, reduce la prima de riesgo y normaliza el mercado de crédito. De eso no tenga duda señor Rajoy.