Los mercados están viviendo situaciones poco comunes desde el principio de la Gran Crisis en 2007-2008. Ahora estamos viviendo el octavo aniversario de la quiebra de Lehman Brothers. Desde aquella fecha, los mercados han sido intervenidos por los bancos centrales (de hecho) y sus operaciones no son realmente libres.

Uno de los capítulos que hemos vivido recientemente es un “cisne negro”: el Brexit en Europa ha agitado los mercados con una fuerte caída a finales de junio seguida de una tendencia alcista en julio. Por otra parte, la baja volatilidad ha dominado la negociación en agosto. Por ejemplo,  la volatilidad cayó a su mínimo en los dos últimos años en este mes en Wall Street. Ahora, en septiembre, los inversores parecen ser más negativos y los bajistas han tomado sus posiciones. En otras palabras, los mercados se están liando.

¿Qué podemos esperar del último trimestre del año? Uno de los directivos de  BlackRock, Russ Koesterich,  apuesta por que las elecciones en Estados Unidos apenas moverán los mercados, gane Clinton o Trump. Él plantea que la volatilidad del mercado puede llegar de las próximas elecciones en Europa, donde los partidos populistas están ganando fuerza entre los electores en varios países, incluso en los más poderosos como Alemania y Francia.

Algunos inversores miran atentamente la evolución de los mercados emergentes. Estos países están produciendo buenas rentabilidades, sobre todo en Latinoamérica.  Moody’s ha subido recientemente la perspectiva para Brasil, Rusia y China. Si miramos el gráfico, también vemos que Argentina va bastante bien después del cambio de presidencia.

Pero la gran discusión entre los operadores del mercado no es sobre la influencia de la política, sino de la actual burbuja y sobrevaloración vinculada con lo que mencionamos al principio: la intervención de los bancos centrales.

El 54% de los inversores preguntados por  Bank of America Merrill Lynch en su Encuesta de Gestores de Fondos Globales piensa que acciones y bonos están sobrevalorados. Ésta era la  percepción antes del crash de las puntocom en 2000. ¿Qué significa esto? ¿Estamos a las puertas de un nuevo crash? ¿Están viviendo los mercados una nueva “exuberancia irracional” como afirmó Greenspan en 1996?

Recibimos señales, porque no podemos adivinar el futuro. La señal más clara es que los mercados no están operando en libertad: ¿es lógico que muchos países y empresas estén emitiendo bonos a intereses negativos? ¿Es lógico que los bancos centrales mantengan sus tipos tan bajos? En absoluto, pero el crash de esta burbuja puede crear una ola difícil de controlar.