Robots asesores, robots financieros, roboadvisors o roboadvisers en inglés: el nombre empezó como algo despectivo, pero al final ha sido adoptado por los diferentes proveedores que operan en el sector. Es la palabra de moda en la tecnología financiera (o fintech, como se suele conocer).

El concepto es simple: con la evolución tecnológica, se han desarrollado algoritmos para crear carteras y gestionarlas automáticamente o con una intervención humana mínima. Tradicionalmente, un asesor financiero se reunía con el cliente, escuchaba sus necesidades y creaba una cartera personal vinculada a un plan financiero. En el caso de los robots asesores, el cliente se registra, rellena un cuestionario de perfil de riesgo inversor y el sistema le propone una cartera modelo. Esta cartera cambia (lo que se conoce como rebalanceos), a través de algoritmos, con el fin de mejorar los resultados cuando los mercados tienen una etapa negativa. Fácil: inviertes y la máquina trabaja.

El efecto inmediato y claro es en el precio: las comisiones son muy bajas. La tecnología ha abierto una puerta enorme a los servicios de bajo coste con una gran calidad y las finanzas no están fuera de esta tendencia. Los robots financieros son la solución para pequeños inversores que no tienen suficientes fondos para ser rentables a los asesores, pero buscan más rentabilidad que los productos bancarios tradicionales, como los depósitos. Además, los inversores sienten el control de sus inversiones, ya que tienen una plataforma disponible las 24 horas todos los días con una interfaz web o una aplicación móvil de diseño atractivo. También tienen más ventajas, como ya hemos explicado anteriormente.

¿Por qué son tan baratos?

- La plantilla es pequeña.
- Las carteras está formadas de ETF, que son un tipo de fondos sencillo, transparente y con bajas comisiones.
- Los productos son carteras masivas. No hay cartera personalizada, como hacen los asesores tradicionales, sino una para cada perfil de riesgo.

La lista de empresas es larga y los activos gestionados crecen rápidamente: un estudio de AT Kearney indicaba que los activos gestionados por los robots asesores alcanzarían los 2,2 billones de dólares en 2020. Actualmente, los mayores robots asesores (en EEUU) gestionan 3.000 millones de dólares. Por eso, los grandes actores del sector financiero, que inicialmente los rechazaban, están desarrollándolos o incluso comprándolos: Schwab y Vanguard han desarrollado sus propias soluciones, BlackRock e Investor han comprado robots asesores.

En el caso de T-Advisor, hay una mezcla entre herramientas de gestión autónoma para inversores que quieren gestionar todas sus inversiones de forma independiente y un módulo de carteras modelo como las que existen en los robots asesores. Y todo gratuito.

El mapa está cambiando: los inversores buscan soluciones más tecnológicas, autónomas y baratas para ellos. Los robots financieros eran criticados porque los clientes no encontrarían a nadie al otro lado del teléfono en caso de crisis. Actualmente, estamos viviendo tiempos difíciles en los mercados. Ya veremos cómo es el paisaje financiero al final del año: ¿más o menos robots financieros? ¿Más o menos activos gestionados por ellos? ¿Mejores o peores rentabilidades para sus clientes?